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jueves, 19 de marzo de 2015

Capítulo 70. ¿POR QUÉ EL MUSEO DEBE SER SOCIAL? (II)

Tengo que confesar que el título de esta nueva entrada es un poco tramposo. No voy a dar razones para justificar el porqué un museo debe ser social como hice en aquel post de octubre. Y es porque, en mi opinión, que el museo sea social es algo tan obvio que no debería siquiera cuestionarse. De todas formas, seguramente volveré a retomar el asunto y habrá un "¿Por qué el museo debe ser social? III". Es uno de los temas que más me motivan.

Este post, pues, lo que pretende es dar claves para poder esclarecer cuándo un museo no es social, e incluso, cuándo aún luciendo ese letrero en la entrada, no debería considerarse museo.



Para no dar lugar a confusión en conceptos, os facilito la definición de museo del ICOM, que muchos de vosotros conocéis tan bien como yo. Esta es la definición aceptada a nivel internacional que enmarca (o debería enmarcar) los deberes y relaciones que el museo establece con el patrimonio, con el visitante, con el marco legal, con la comunidad:

Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.

Por lo tanto, aquí tenéis diez pistas de lo que un museo no es (o no debería ser):

-Un lugar pensado únicamente para el turista, que se gestiona con el dinero público de la comunidad que lo alberga.

-Un lugar pensado sólo para el entendido o el experto.

-Un lugar que vive de espaldas a la sociedad que lo acoge, que no escucha, que no atiende sus necesidades culturales.

-Un lugar en el que se obtenga una visión histórica fragmentada, sectaria, condicionada.

-Un lugar que es usado como lanzadera de profesionales del arte, la historia o la ciencia, o gestores de lo público, sirviendo sólo a los intereses de éstos mismos.

-Un almacén de obras de arte.

-Un lugar donde hacer negocio. No es un sitio en el que el dinero recaudado sirva para otra cosa distinta a mejorarlo como espacio de aprendizaje y conocimiento para todos.

-Un lugar en el que no se puedan expresar opiniones, plantear nuevos discursos, hacer crítica de la realidad.

-Un lugar que envíe mensajes elitistas y alejados de la sociedad.

-Un lugar del que tú no puedas formar parte.



Siempre es interesante y necesario refrescar la memoria.


sábado, 4 de octubre de 2014

Capítulo 64. ¿POR QUÉ EL MUSEO DEBE SER SOCIAL?

 ¿Por qué preguntarse esto ahora? Como sabéis, soy muy defensora de la teoría museológica. La considero un marco en el que encuadrar la práctica, que en la mayoría de los casos, sigue sin apropiarse de estas filosofías, o cuando lo hace, la usa parcialmente buscando básicamente una apariencia de apertura y una subida en las estadísticas de visitantes.

Para otros muchos museólogos y para mí, este cambio debe ser más profundo y radical. Por desgracia, en la mayor parte de los museos de nuestro país, no se ha producido.

Y es que, cuando hablo con amigos que no se encuentran dentro del ámbito de los museos, me sorprende darme cuenta del concepto que tienen de estas instituciones: un lugar en el que se exponen obras maestras del arte (u obras que no comprenden cuando hablamos de arte contemporáneo), que solo visitan ocasionalmente y aprovechando las visitas guiadas como modo de sentirse integrados.

Fundación Jiménez-Arellano Alonso, Arte Africano.Valladolid

Esta situación hace que me plantee muchas preguntas y las respuestas suelen ir siempre en la misma dirección: la mayoría de los museos del Estado Español son públicos, sin embargo, son instituciones que no están verdaderamente comprometidas socialmente, no atienden a las necesidades de la comunidad que las sustenta, siendo su principal objetivo servir de oferta turística. Hablo de generalidades. Tenemos muchos y buenos ejemplos de museos que se esfuerzan por ofrecer servicios útiles a la sociedad, pero mi sensación es que se reduce a ciertos departamentos, como el pedagógico o educativo. No es un fin del museo en sí mismo.

Tres teorías claves nos han llevado a repensar el museo hoy en día. Estas son:

-La Nueva Museología nacida en la década de los sesenta, que tiene como principal representante a Georges Henri Rivière y como principal avance los museos comunitarios y ecomuseos. Esta teoría caló profundamente en la latinoámerica, principalmente en México.

-La Museología Crítica, que aunque se puede decir que nació paralelamente a la teoría anterior, se ha centrado en la crítica de la misma y da pasos decisivos en el avance hacia lo social, pensando el museo como lugar de conflicto en el que todos los agentes sociales tienen cabida en la construcción de conocimiento, incluidas las minorías sociales.

-La Museología Social, muy en la línea de la Museología Crítica, que tomó como marco teórico la Mesa redonda de Santiago de Chile 1972 , pretende hacer del museo una institución dinámica y comprometida con su comunidad, usando para ello las políticas públicas, y de este modo ser nexo de unión entre el pasado y el futuro, tomando parte en la construcción de la realidad.

Fundación Mapfre. Madrid.

La teoría, pues, está muy avanzada respecto a la práctica si entendemos que es el museo social el museo del presente y del futuro. Un museo de todos y para todos. Un ente que construye conocimiento y realidad pero no desde dentro hacia fuera, muy al contrario, debe ser en horizontal. Una herramienta de la que la sociedad se sirve para analizar su estar en el mundo. Quizá esta definición puede parecer idealista y difícil de alcanzar, lo sé. A mí misma me lo parece, pero creo, es aquello hacia lo que debemos tender desde la política, el profesional y los ciudadanos en su conjunto.


"Claramente es un momento para flexibilizar, hackear y transformar la institucionalidad, encontrando las grietas y ubicando dentro de ellas zonas de prototipado; laboratorios de la imaginación dónde mixturar experiencias alternativas de gestión cultural, educación expandida, trabajo en red, activismos, colaboraciones extradiciplinares y de construcción de lo público. "

Por todo ello, somos los mismos profesionales los que debemos fomentar este cambio en el museo no solo desde la teoría, también desde la práctica. Debemos exigir a los políticos que gestionan la cultura y el Estado en general, la responsabilidad e implicación necesaria para que esto suceda. Debemos, como ciudadanos, valernos de estas herramientas que son los museos, que albergan nuestro patrimonio, nuestra identidad, nuestro pasado y presente, apropiarnos de ellos y participar en la construcción de lo que está por venir.

Centro José Guerrero. Granada.

Un museo no puede ser social atendiendo solo al departamento pedagógico o de intermediación, los cuales, hacen una fantástica labor hoy por hoy en la mayoría de ejemplos. Ser social debe contemplarse por adelantado, desde el mismo proyecto museológico, orientando todo el trabajo que se haga en esta dirección. Lo social empieza desde el mismo equipo que compone el museo: departamentos que trabajen de forma transversal y en comunicación, de forma conjunta. Se debe dar voz a los públicos, que son muchos y variados, creando diálogo y participación. Y no solo a ellos, el museo debe servir también a los profesionales y a los artistas. Hoy en día un artista español es reconocido y expuesto antes fuera de nuestras fronteras, que aquí. No se les da la oportunidad que les corresponde. Y esto mismo pasa con los museólogos, educadores, etc, aunque quizá es menos visible.

El boom que vivimos hace pocos años, que dio como resultado enormes museos vacíos de contenido y sin raíces en la comunidad de la que forman parte, nos debe hacer recapacitar y exigir que el dinero público se use por y para lo común. La mayoría estamos hartos de directores y trabajadores de museos que usan su puesto como lanzadera profesional, ideando estrategias para un grupo minoritario de ciudadanos (élite) y hablando al resto desde un escalón superior, prepotente y paternalista. Repito, no siempre es así pero ocurre muy habitualmente.

Dora García.

Sé que muchos pensáis como yo. Otros seguramente no, pero por eso escribo, para que al leernos encontremos quizá puntos de encuentro y nuevas vías de las que aún no nos habíamos percatado.





viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 45. DE CARA AL PÚBLICO.

Normalmente los profesionales de museos nos perdemos teorizando durante horas sobre la forma de acercar el museo al público. Al visitante. Estas teorías son positivas para el desarrollo y construcción de nuevas estrategias y líneas de pensamiento que consigan que, finalmente, el museo sea un lugar en el que todos tengamos un espacio, en el que todos podamos encajar, aprender, compartir y disfrutar. Pero... ¿Y si nos estamos olvidando de lo más básico? Cuando vamos a un museo, ¿en qué nos fijamos primero?

Pues sí, creo que se nos había olvidado, al menos a mí, tratar un tema que es tan importante como todos los demás: los trabajadores que están de cara al público. Y me gustaría puntualizar. No me refiero a, por ejemplo, el departamento pedagógico aunque ellos también estén de cara al público. Me refiero a todos aquellos que están (yo también lo estuve) en la recepción, librería, como vigilantes de sala, etc. Digamos, los encargados de "servicios". 

Estoy segura de que cada uno de los que leeréis este post habéis tenido una mala experiencia con algún vigilante o recepcionista, ¿verdad?. Es curioso que estas malas experiencias suelen darse mucho más en los museos de nuestro país que en el extranjero, sobre todo en el ámbito anglosajón donde las críticas a estos trabajadores suelen ser positivas, y además, las contamos con sorpresa.



Por supuesto, podemos tener la mala suerte de encontrarnos con alguien que tenga un mal día pero, ¿por qué esta sensación es tan generalizada?.

Quizá deberíamos comenzar analizando la situación laboral de este personal. No siempre, pero en muchos casos, es personal subcontratado, por ello, el sueldo suele ser menor del que en principio les debería corresponder, ya que la empresa intermediaria toma su parte. Los contratos también suelen ser peores que si contratara el museo directamente. En ocasiones, los trabajadores de limpieza ganan más y tienen mejores condiciones que este personal. ¿Y esto está en consonancia con la preparación que se exige para el puesto? La respuesta es no. Aunque, como siempre con excepciones, para este tipo de puestos se exigen idiomas, una formación universitaria afín (historiadores del arte, etc) e incluso personas con una formación superior que esperan una oportunidad.

Como comprenderéis, la situación que os dibujo es frustrante e injusta. De todas formas, tampoco eso debería justificar la hostilidad con la que somos recibidos o amonestados en un museo. Por ello, ¿se valoran cualidades tales como la amabilidad, la predisposición, la rápida toma de desiciones, etc, a la hora de contratar al personal que estará de cara al público? ¿Deberían tener más peso estas cualidades personales?

Pero seguiré haciendo una descripción de la situación de la mayoría de estos trabajadores. Creo que no me equivoco al afirmar que ellos no son tenidos en cuenta por los especialistas. Los curadores o comisarios, los directores, los conservadores, apenas recaen en su presencia. No los conocen. A veces ni dan los buenos días cuando, incluso, no hay diferencia en la formación o capacidad. 

Blog Bibliotecas Especializadas de Zamora


Desde el museo no se les forma, no se les da material para que investiguen sobre esta o aquella exposición, no se les da unas reglas básicas de cómo deben dirigirse al visitante, no se les trata como parte fundamental del equipo, que en definitiva, es lo que son.

Podemos tener unas buenísimas campañas de difusión, pedagogía, participación, pero si este primer eslabón del complejo sistema que es un museo no se cuida, no se elige con mimo, no es tratado adecuadamente, todo el trabajo fracasará.

Cuando hablamos de un equipo que trabaje unido, de departamentos que trabajen de forma transversal, de que exista una relación fluida entre los trabajadores, tendemos a olvidarlos y cometemos un gran error. Ellos son nuestra carta de presentación, son la cara del museo y deben ser tratados como parte del engranaje que lo sostiene.

Con este post me gustaría reivindicar no solo una situación digna para este tipo de personal, esto lo pido para cualquier trabajador, también quiero pedir la inclusión de los mismos dentro del cometido y las acciones del museo. Que se les dé la relevancia que en efecto tienen.