Tengo que confesar que el
título de esta nueva entrada es un poco tramposo. No voy a dar
razones para justificar el porqué un museo debe ser social como hice en aquel post de octubre. Y es
porque, en mi opinión, que el museo sea social es algo tan obvio que
no debería siquiera cuestionarse. De todas formas, seguramente
volveré a retomar el asunto y habrá un "¿Por qué el museo debe
ser social? III". Es uno de los temas que más me motivan.
Este post, pues, lo que
pretende es dar claves para poder esclarecer cuándo un museo no es
social, e incluso, cuándo aún luciendo ese letrero en la entrada,
no debería considerarse museo.
Para no dar lugar a
confusión en conceptos, os facilito la definición de museo del
ICOM, que muchos de vosotros conocéis tan bien como yo. Esta es la
definición aceptada a nivel internacional que enmarca (o debería
enmarcar) los deberes y relaciones que el museo establece con el
patrimonio, con el visitante, con el marco legal, con la comunidad:
“Un museo es una
institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la
sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia,
expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad
con fines de estudio, educación y recreo.”
Por lo tanto, aquí tenéis
diez pistas de lo que un museo no es (o no debería ser):
-Un lugar pensado
únicamente para el turista, que se gestiona con el dinero público de
la comunidad que lo alberga.
-Un lugar pensado sólo
para el entendido o el experto.
-Un lugar que vive de
espaldas a la sociedad que lo acoge, que no escucha, que no atiende
sus necesidades culturales.
-Un lugar en el que se
obtenga una visión histórica fragmentada, sectaria, condicionada.
-Un lugar que es usado como
lanzadera de profesionales del arte, la historia o la ciencia, o
gestores de lo público, sirviendo sólo a los intereses de éstos
mismos.
-Un almacén de obras de
arte.
-Un lugar donde hacer
negocio. No es un sitio en el que el dinero recaudado sirva para otra
cosa distinta a mejorarlo como espacio de aprendizaje y conocimiento
para todos.
-Un lugar en el que no se
puedan expresar opiniones, plantear nuevos discursos, hacer crítica
de la realidad.
-Un lugar que envíe
mensajes elitistas y alejados de la sociedad.
-Un lugar del que tú no
puedas formar parte.
Siempre es interesante y
necesario refrescar la memoria.
¿Por qué preguntarse esto ahora? Como sabéis, soy muy defensora de
la teoría museológica. La considero un marco en el que encuadrar la
práctica, que en la mayoría de los casos, sigue sin apropiarse de
estas filosofías, o cuando lo hace, la usa parcialmente buscando
básicamente una apariencia de apertura y una subida en las
estadísticas de visitantes.
Para otros muchos museólogos y para mí, este cambio debe ser más
profundo y radical. Por desgracia, en la mayor parte de los museos de
nuestro país, no se ha producido.
Y es que, cuando hablo con amigos que no se encuentran dentro del
ámbito de los museos, me sorprende darme cuenta del concepto que
tienen de estas instituciones: un lugar en el que se exponen obras
maestras del arte (u obras que no comprenden cuando hablamos de arte
contemporáneo), que solo visitan ocasionalmente y aprovechando las
visitas guiadas como modo de sentirse integrados.
Fundación Jiménez-Arellano Alonso, Arte Africano.Valladolid
Esta situación hace que me plantee muchas preguntas y las respuestas
suelen ir siempre en la misma dirección: la mayoría de los museos
del Estado Español son públicos, sin embargo, son instituciones que
no están verdaderamente comprometidas socialmente, no atienden a las
necesidades de la comunidad que las sustenta, siendo su principal
objetivo servir de oferta turística. Hablo de generalidades. Tenemos
muchos y buenos ejemplos de museos que se esfuerzan por ofrecer
servicios útiles a la sociedad, pero mi sensación es que se reduce
a ciertos departamentos, como el pedagógico o educativo. No es un
fin del museo en sí mismo.
Tres teorías claves nos
han llevado a repensar el museo hoy en día. Estas son:
-La Nueva Museología
nacida en la década de los sesenta, que tiene como principal
representante a Georges Henri Rivière y como principal avance los
museos comunitarios y ecomuseos. Esta teoría caló profundamente en
la latinoámerica, principalmente en México.
-La Museología Crítica,
que aunque se puede decir que nació paralelamente a la teoría
anterior, se ha centrado en la crítica de la misma y da pasos
decisivos en el avance hacia lo social, pensando el museo como lugar
de conflicto en el que todos los agentes sociales tienen cabida en la
construcción de conocimiento, incluidas las minorías sociales.
-La Museología Social,
muy en la línea de la Museología Crítica, que tomó como marco
teórico la Mesa redonda de Santiago de Chile 1972 , pretende hacer
del museo una institución dinámica y comprometida con su comunidad,
usando para ello las políticas públicas, y de este modo ser nexo de
unión entre el pasado y el futuro, tomando parte en la construcción
de la realidad.
Fundación Mapfre. Madrid.
La teoría, pues, está
muy avanzada respecto a la práctica si entendemos que es el museo
social el museo del presente y del futuro. Un museo de todos y para
todos. Un ente que construye conocimiento y realidad pero no desde
dentro hacia fuera, muy al contrario, debe ser en horizontal. Una
herramienta de la que la sociedad se sirve para analizar su estar en
el mundo. Quizá esta definición puede parecer idealista y difícil
de alcanzar, lo sé. A mí misma me lo parece, pero creo, es aquello
hacia lo que debemos tender desde la política, el profesional y los
ciudadanos en su conjunto.
"Claramente es un
momento para flexibilizar, hackear y transformar la
institucionalidad, encontrando las grietas y ubicando dentro de ellas
zonas de prototipado; laboratorios de la imaginación dónde mixturar
experiencias alternativas de gestión cultural, educación expandida,
trabajo en red, activismos, colaboraciones extradiciplinares y de
construcción de lo público. "
Por todo ello, somos los
mismos profesionales los que debemos fomentar este cambio en el museo
no solo desde la teoría, también desde la práctica. Debemos exigir
a los políticos que gestionan la cultura y el Estado en general, la
responsabilidad e implicación necesaria para que esto suceda.
Debemos, como ciudadanos, valernos de estas herramientas que son los
museos, que albergan nuestro patrimonio, nuestra identidad, nuestro
pasado y presente, apropiarnos de ellos y participar en la
construcción de lo que está por venir.
Centro José Guerrero. Granada.
Un museo no puede ser
social atendiendo solo al departamento pedagógico o de
intermediación, los cuales, hacen una fantástica labor hoy por hoy
en la mayoría de ejemplos. Ser social debe contemplarse por
adelantado, desde el mismo proyecto museológico, orientando todo el
trabajo que se haga en esta dirección. Lo social empieza desde el
mismo equipo que compone el museo: departamentos que trabajen de
forma transversal y en comunicación, de forma conjunta. Se debe dar
voz a los públicos, que son muchos y variados, creando diálogo y
participación. Y no solo a ellos, el museo debe servir también a
los profesionales y a los artistas. Hoy en día un artista español
es reconocido y expuesto antes fuera de nuestras fronteras, que aquí.
No se les da la oportunidad que les corresponde. Y esto mismo pasa
con los museólogos, educadores, etc, aunque quizá es menos visible.
El boom que vivimos hace
pocos años, que dio como resultado enormes museos vacíos de
contenido y sin raíces en la comunidad de la que forman parte, nos
debe hacer recapacitar y exigir que el dinero público se use por
y para lo común. La mayoría estamos hartos de directores y
trabajadores de museos que usan su puesto como lanzadera profesional,
ideando estrategias para un grupo minoritario de ciudadanos (élite)
y hablando al resto desde un escalón superior, prepotente y
paternalista. Repito, no siempre es así pero ocurre muy
habitualmente.
Dora García.
Sé que muchos pensáis
como yo. Otros seguramente no, pero por eso escribo, para que al leernos
encontremos quizá puntos de encuentro y nuevas vías de las que aún
no nos habíamos percatado.
La realidad de los
departamentos educativos de museos o DEAC (departamentos de
educación y acción cultural) en el Estado Español tiene sus
propias peculiaridades. No es de extrañar pues, que en todos los
casos, la historia ha ido marcando y propiciando el nacimiento de
estos departamentos en unos contextos muy determinados.
Imagen: LABoral
Históricamente, estos
departamentos surgen de la necesidad de la nueva pedagogía
implantada en las escuelas españolas en los años 60, que alejándose
del modelo de educación memorística en el aula, optan por una
escuela activa. El profesorado inserta las visitas a museos en el
programa educativo con la intención involucrar al alumnado, a través
de la experiencia, en la construcción de conocimiento. De este modo,
los museos comienzan a necesitar profesionales que puedan ofrecer
respuesta a esta creciente demanda que llena sus salas. En un primer
momento serán los mismos profesores los que realicen esta actividad
en museos. Algunos incluso, abandonarán la enseñanza reglada para
incluirse en la dinámica de las instituciones museísticas.
Será en los años 80
cuando las visitas pedagógicas amplíen su abanico, hasta entonces
muy centrado en los escolares, influenciados entre otras corrientes
por la Nueva Museología. La demanda casi masificada ocasionará que
se ideen actividades para colectivos predeterminados, pero también
para público en general. Esta actitud fue criticada como populista,
ya que gracias a las visitas y actividades organizadas por los
departamentos de educación, el museo conseguía gran número de
visitantes, valorando así la labor pedagógica más por lo
cuantitativo que por lo cualitativo.
Hoy día la situación no
ha cambiado radicalmente, si bien los avances, tanto en investigación
como en práctica, son considerables y de calidad. Los profesionales
de los DEAC no se suelen sentir integrados dentro de la propia
dinámica del museo, y en muchos casos, se entiende como un
departamento accesorio y fácilmente externalizable. La necesidad de
incluirlos dentro de la concepción general de la institución, de
cualquier planteamiento de la misma, es una urgencia. Además, los
educadores de museos piden construir relatos críticos y maduros, en
los que la voz institucional pueda confrontarse. La creación de
conocimiento de forma colaborativa basada en la inteligencia
colectiva es su mayor argumento.
Extraigo palabras del
texto Del paradigma modernista al posmuseo: seis retos a partir del
giro educativo, de María Acaso:
"En la conjunción del
arte, la tecnología y los museos nos encontramos con lo colaborativo
como un eje central en la ejecución de este giro que estamos
viviendo. Las referencias a este concepto son constantes en
prácticamente todos los textos de los teóricos que escriben sobre
educación y arte en estos momentos y, en la mayoría de los casos,
la herramienta para conseguir una colaboración eficaz es la
tecnología. Pero ¿en cuántas instituciones esta apuesta por lo
colaborativo se está ejecutando de manera real?, ¿en cuántos
centros la tecnología no deja de ser una herramienta de gestión o
de exposición?, ¿no sería ahora el momento de utilizar la
tecnología para generar canales de comunicación verdaderamente
interactivos de manera que los públicos se inserten en los procesos
de selección, de diseño y de construcción de las actividades del
museo? Algunas instituciones han comenzado a desarrollar este giro
como La Laboral (Gijón), donde en el año 2009 se invitó a una
escuela tal a desarrollar junto con un grupo de artistas un proyecto
sobre el tiempo, los caracoles y el correo electrónico en el que los
estudiantes de primaria ejercían un rol protagónico. Pero este caso
sigue siendo una excepción".
Desde sus inicios, en
LABoral la preocupación por lo educativo ha sido una constante. Se
concibe el museo no como un espacio al que asistimos como agentes
pasivos, sino muy al contrario, como agentes activos en el que se
aprende a través de la experiencia personal, colaborativa y común.
Imagen: LABoral.
AuLAB nace como un
proyecto didáctico destinado a los alumnos de enseñanza primaria,
secundaria, bachilleratos y módulos formativos. Para ello, las
propuestas se elaboran contando con los centros y el profesorado,
para así adaptarlas específicamente a las necesidades y
particularidades de cada grupo. Para ello se elaboran programas
educativos en forma de proyectos, en los que el centro de arte es un
dispositivo pedagógico en sí mismo. LABoral abre sus talleres, pone
a disposición de los escolares y ciudadanos sus instalaciones y
equipamientos, ofreciéndonos todos los recursos disponibles a su
alcance para construir aprendizaje a través del descubrimiento de
los procesos, del estímulo de la creatividad, y del sentido crítico:
aprender a aprender.
Los objetivos planteados
en el proyecto, que encabeza Lucía Arias, son los siguientes:
- Diseñar y analizar
diferentes actividades formales y no formales que contribuyan
desarrollar en el centro un espacio de participación y una cultura
de trabajo abierta al entorno, que favorezca los diferentes ámbitos
de desarrollo personal del alumnado.
- Proporcionar al
profesorado saberes y herramientas que le permitan acercarse a nuevos
espacios de aprendizaje.
- Lograr la autonomía del
profesorado en el diseño, desarrollo y evaluación de actividades y
entornos de aprendizaje basados en la metodología de trabajo por
proyectos.
- Fomentar una reflexión
crítica sobre el papel de las tecnologías de la información y la
comunicación en el contexto educativo.
- Cambiar la percepción
del alumnado y del profesorado sobre su relación con las
tecnologías: pasar de ser usuario pasivo a conocedor de las mismas.
- Promover cambios en los
modelos organizativos y curriculares de los centros educativos.
Estos objetivos se
materializan en diferentes niveles de actuación y de actividades, en
las que el uso transversal, educativo y social de las TIC es el punto
de partida:
-Programa anual de visitas-taller a las exposiciones y
proyectos, que pretende acercar la práctica artística, los temas
clave del arte y la cultura tecnológica al público, especialmente a
la comunidad educativa, los más jóvenes y colectivos en riesgo de
exclusión.
-
Programa AuLAB, en colaboración con la Dirección General de
Formación Profesional, Desarrollo Curricular e Innovación Educativa
de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Principado de
Asturias. Se trata de un aula experimental, integrada en la vida de
los centros que se articula a través de la programación didáctica
y que tiene como finalidad última el desarrollo personal del
alumnado a través de las competencias básicas. Su objetivo es
proporcionar un conocimiento del lenguaje tecnológico y lograr un
uso transversal de las TIC fomentando, al tiempo, la experimentación
y el pensamiento crítico en esta ocasión con centros educativos
participantes en el programa contrato programa. En el curso 2013-2014
han participado 23 centros educativos de Asturias
-
La programación anual se articula en torno a tres ejes:Aprender a
través del diseño, dirigido por Susanna Tesconi, en el que se
realiza la fabricación de un artefacto diseñado digitalmente en los
talleres del FabLAB; TV-LAB, dirigido por el colectivo Neokinok, es
un laboratorio de televisión experimental en el que se reflexiona
sobre los medios de comunicación y se activa la creatividad
realizando programas televisivos emitidos en internet; e Introducción
a la programación, en el que Luis Díaz, responsable de proyectos de
fabLAB Asturias, pone en contacto a los alumnos con los conceptos y
funcionamientos básicos de la tecnología digital, de manera que el
alumnado pase de ser simple consumidor de tecnología, a convertirse
en un conocedor de sus procesos y funcionamientos.
AuLAb ya ha recibido un
merecido reconocimiento, no solo en nuestro país, sino a nivel
internacional.
En octubre de 2013, Lucía
Arias y Susanna Tesconi, fueron invitadas a la Universidad de
Stanford (EEUU), reconocida como una de las instituciones claves en
la investigación educativa, para compartir la experiencia del
Programa de Prevención del Abandono Escolar llevado a cabo en
LABoral, en un foro de expertos o FabLearn. El proyecto fue realizado
con alumnos de 12 centros escolares asturianos durante el curso
2012-13, con alentadores resultados.
También en 2013, LABoral
recibió el premio al Mejor Programa Pedagógico en los RAC, los
premios del arte contemporáneo nacional, organizados entre otros por
el IAC, Instituto de Arte Contemporáneo.
Recientemente, el mes
pasado para ser exactos, LABoral presentó su Programa de Diseño y
Fabricación Digital en FabLearn Europe, la primera conferencia
europea sobre fabricación digital y educación. El evento ha sido
organizado de forma conjunta por tres universidades de prestigio: la
Universidad danesa de Aarhus, la de Stanford (EE.UU) y la Bremen
(Alemania).
En la sede de la
Universidad danesa, Lucía Arias y Susanna Tesconi, presentaron la
experiencia educativa realizada con el colegio público La Ablaña-La
Pereda, de Mieres. En ella, el colegio junto con el FabLAB Asturias
de LABoral, proyectaron la producción de una casa para gusanos en la
que todos los escolares participaron de forma activa ideando y
produciendo prototipos. Una vez elegida conjuntamente la propuesta
más adecuada, los alumnos diseñaron una estrategia de difusión de
los resultados a través de su blog y sus redes sociales.
Imagen: LABoral
Por todo ello se puede
afirmar que AuLAB es un ejemplo dentro de los departamentos
educativos españoles, que pone en práctica iniciativas originales,
que aporta valor y enriquecimiento tanto a nivel individual como
colectivo a los alumnos, impulsando la construcción de ciudadanos
críticos, con capacidad en la toma de decisiones y resolución de
problemas. Los excelentes resultados avalan estas líneas de trabajo,
resaltando el compromiso de sus profesionales con la educación y el
acercamiento de la tecnología a la sociedad.
Hace ya más de dos meses, el primer post lo escribimos días antes de Semana Santa, Almudena
y yo nos pusimos manos a la obra con #MuseosPro. Y no solo
nosotras, desde el primer momento la iniciativa ha sido
colaborativa. Os consultamos sobre cada nueva acción a llevar a
cabo, desde el hashtag, hasta la periodicidad de los debates. Desde
el horario, hasta el nombre del proyecto. Por ello, #MuseosPro es
de todos nosotros. Por nuestra parte, el trabajo, que ha sido mucho,
consistió en darle forma y materializar la plataforma para que todos
pudiéramos aportar.
#MuseosPro acaba
aquí y mirando hacia atrás, valorando pros y contras, no puedo
estar más contenta. Muchos días lo he odiado: más de diez horas
delante del ordenador, cientos de correos con Almudena para acordar
cualquier mínimo detalle, numerosas reuniones por skype entre
nosotras y con nuestro patrocinador BAU app... Pero ahora, ya pasado,
creo que ha sido verdaderamente enriquecedor. Para mí personalmente
muchísimo. He aprendido a velocidad récord las labores básicas de
community manager, a organizar ideológicamente una web, a gestionar
los contenidos, a darle lógica a una idea que me pasó por la cabeza
y lancé al aire durante la #MuseumWeek, sin saber que se
convertiría en una colaboración en la que se implicarían tantos
profesionales
Sé que hay
detractores, nunca llueve a gusto de todos, pero por mi parte, aún
sabiendo que existen cosas mejorables, estoy convencida de que hemos
cumplido los objetivos que nos proponíamos: sacar a la luz las
problemáticas que los trabajadores de museos y museólogos tenemos a
la hora de trabajar o de buscar trabajo; aportar experiencias y
reflexiones sobre temas como formación, contratación, etc;
compartir visiones acerca de qué debería de ser el trabajo en un
museo, cómo se debería distribuir, qué características debe tener
un equipo de trabajo, cómo se debería configurar, qué perfiles
debe contener, etc; hacer autocrítica, mirarnos a nosotros mismos
para ser conscientes de nuestros fallos y poder corregirlos...
En todo esto,
Almudena y yo hemos actuado como directoras de orquesta, poniendo por
supuesto nuestro granito de arena en forma de opiniones, posts,
experiencia y formación personal que pudiera, al compartirla,
hacernos ver problemáticas o puntos fuertes de este ámbito. Pero
no puedo estar más orgullosa de los posts escritos por nuestros colaboradores. A cuál mejor. Todos llenos de coherencia, ilusión y
ganas de mejorar nuestro terreno de trabajo. Alimentándose los unos
de los otros. Todos de todos. En mi opinión, no solo hemos cumplido
con las expectativas: las hemos superado con creces. Hemos creado una
red, y no una cualquiera. Esta red se basa en el respeto mutuo,
en la profesionalidad, en las ganas de compartir para mejorar lo que
es una situación común y verdaderamente preocupante. ¿No es
para sentirse feliz?
La participación ha
sido asombrosa: nos hemos movido entre los 1715 tuits del primer
debate, el de mejores resultados, a los 570 del último, en el que se
experimentó una caída considerable y que asocio a la temática del
mismo y al cansancio tras un mes de colaboración y de trabajo
voluntario. La transcendencia de los debates y de la iniciativa en
general, ha sido muy considerable. Desde España hasta latinoamérica,
profesionales, instituciones y empresas, se han unido en diferentes
formas: dando difusión en sus perfiles, aportando textos,
participando activamente en los debates.
Cómo no, también
hay que valorar los resultados menos alentadores. Me refiero a
la escasa participación de instituciones museísticas. Algunas de
ellas han dado difusión al proyecto desde sus perfiles, cosa que
agradezco de corazón, pero no han participado en los debates de
forma significativa. Creo que en ello nosotros tenemos parte de
culpa. El horario no era el más apropiado, ya que de 19 a 21 horas
los CM's ya han terminado su jornada laboral y nadie les puede exigir
que se unan sacrificando horas de descanso. Pero es cierto que esto
me deja un sabor agridulce. ¿Nos han leído? ¿Han escuchado
nuestras preocupaciones, críticas y las diferentes soluciones que
proponíamos? ¿Sacarán conclusiones de las mismas? Espero que sí.
Tengo confianza en ello.
Como resumen, estos
son los puntos claros que he sacado:
Un museo necesita personal
cualificado en su propia área, con conocimientos básicos en
museología (puesto que trabaja en un una institución con unas
características propias) pero, lo más importante, con una mente
abierta, preocupada en aprender, renovarse y colaborar.
El museo ideal debería contar con
una estructura lo más horizontal posible, en la que los
departamentos trabajen de forma transversal, enriqueciéndose los
unos de los otros y evitando a toda costa el aislamiento.
Se necesita y debe promoverse por
parte de la institución, la formación continua de sus trabajadores
para estar al tanto de las últimas tendencias, estudios y modos de
hacer.
Necesitamos formación específica
de calidad y en contacto con la realidad. Profesores que tengan
formación teórica y práctica, que estén al tanto de lo que
ocurre en el momento presente y que formen a profesionales, no a
ratones de biblioteca.
La sobreformación teórica como
respuesta a la falta de salida profesional.
La universidad y los museos
deberían establecer relaciones y acuerdos para que las prácticas y
las necesidades que surjan desde la institución, sean cubiertas por
la cantera que se está preparando.
Las prácticas formativas no son
un trabajo. Los museos no deben valerse de ellas para suplir al
profesional que no pueden (o no quieren) contratar. Deben
comprometerse en formar a través del trabajo cotidiano.
Pedimos transparencia en procesos
de contratación y de concesión de becas, en base a las necesidades
del puesto y al currículum del candidato. Basta de puestos dados a
dedo. Más aún si hablamos de museos públicos.
Aumento de la externalización de
servicios, sea a empresas o autónomos, para cubrir plazas que
deberían ser de acceso público y democrático. Normalmente estos
servicios se entregan a dedo.
Sobrecarga de trabajo en un mismo
profesional a causa de los recortes y/o la desviación de fondos.
Precarización del trabajo.
Sueldos por debajo de la categoría profesional.
Personal sobreformado en puestos
básicos con sueldos mínimos.
Adecuación de las oposiciones
(que no salen desde 2009) a la realidad de los museos y de los
profesionales que se están demandando. Procedimientos absolutamente
obsoletos.
Redes de profesionales, como las
asociaciones, que se comprometan con la sociedad, con los mismos
profesionales, y que establezcan relaciones de cooperación con los
museos. Para ello, necesitamos de compromisos reales y sólidos, de
dentro hacia afuera y en sentido inverso.
Proliferación de redes
espontáneas y virtuales que hay que fomentar y promover.
Por todo ello, en mi
opinión, #MuseosPro ha servido para sacar a la luz
nuestras preocupaciones, nuestras necesidades, nuestras ilusiones y
nuestras posibles soluciones. Ha creado comunidad y ese es el mayor
logro. Esta relación que hemos establecido, basada en la
confianza, debería servir para sentar las bases del camino que
queremos seguir y establecer acciones al respecto. Todavía no
sabemos cómo. De momento el proyecto acaba aquí, pero seguimos con
ganas de avanzar, de colaborar con vosotros y de seguir marcándonos
retos conjuntos. La manera no se sabe aún. Es cuestión de ponernos
a pensar entre todos.
Espero no dejarme
nada en el tintero... Millones de gracias a todos los que, de una u
otra forma, habéis participado. Ha sido un auténtico placer
compartir tanto con vosotros.
El mes pasado quisieron hacerme un par de entrevistas. Con esta entrada en el blog quería agradecer el interés y cariño de María Salas, creadora de Agenda Magenta con la que colaboro desde hace un año y que me hace muy feliz porque creo en ella y en su proyecto, y por supuesto también el de Denise Osicka, que lucha por abrirse camino en el mundo de la comunicación.
Si aún no las habéis leído, aquí están. Espero que os gusten.
Más o menos una semana después de
haber lanzado la convocatoria, habiendo leído vuestras propuestas y
habiéndolas contrastado con las nuestras, Almudena y yo hemos
concretado varios puntos. Hemos querido aclarar qué queremos
conseguir con esta iniciativa tuitera. Pues bien, queremos poner
sobre la mesa la situación actual de los museólogos, trabajadores
de museos y agentes afines. Esto no es hablar sobre museos sino algo
más especifico: es hablar sobre las personas que hacen posible que
los mismos existan y se gestionen (con más o menos éxito).
Cierto es que el tema es muy concreto,
pero en este momento es el que nos interesa a nosotras, y por la
respuesta recibida, creemos que a muchos de vosotros también. Por
ello, seguimos contando con vosotros para construir este debate.
Bien, pues los puntos que ya tenemos
establecidos son los siguientes:
El HT: todos queríamos uno más
corto y fácil. Barajando las opciones y teniendo en cuenta que
además lo usaremos como título para el blog que recoja toda la
iniciativa el elegido es #MuseosPro.
Fecha y duración: el debate
tendrá lugar todos los jueves de junio (cuatro) de 19 a 21 horas.
Creemos que con dos horas de charla se podrán tratar largo y
tendido los tema propuestos en cada sesión. Nos decidimos por junio
por ser un mes lo suficientemente cercano para que nada de lo
propuesto pierda fuerza, y lo suficientemente lejano para poder
organizarnos e implicar al mayor número de personas e instituciones
posible.
Invitamos a todos los bloggers que
les interese a participar activamente con posts en sus blogs y
estamos estudiando la forma idónea de conectarlos todos y
relacionarlos entre sí.
El blog #MuseosPro se abrirá en
mayo. Durante este mes contendrá posts que vayan explicando cada
tema y el funcionamiento de la iniciativa. Cuando llegue junio,
además, se incluirán los posts que resuman cada sesión y
reflexionen sobre ellas.
Nos ayudaremos de redes como
LinkedIn o Google+ para la difusión del evento y los contenidos
generados durante el mismo.
Aún siendo una charla abierta a
todo aquel que se quiera incluir, debemos tener en cuenta que los
principales interesados y conocedores de la temática somos los
trabajadores de museos, las instituciones, las empresas
colaboradoras y profesionales independientes. Queremos una visión
completa del sector en cuestión.
Aún quedan cosas por perfilar, pero
este es el primer paso. Esperamos vuestra colaboración y
participación.
Como cuenta en este postAlmudena López Molina, la semana pasada mientras participábamos en la #MuseumWeek, iniciativa en twitter, en la que durante una semana museos de varios países europeos (entre ellos España), se me ocurrió casi como anécdota, organizar una #MuseumProfessionalsWeek. Si es verdad que dije que sirviera para incentivar la contratación, pero claro, no era una propuesta en firme. Era más que nada, un comentario. En cualquier caso, fue genial encontrar respuesta inmediata en Almudena que se puso manos a la obra con ese post que habéis leído. Hoy en twitter ha comenzado el debate/organización de la propuesta. Estamos en marcha y os invitamos a todos a participar.
Bien, lo primero, creo, es organizar el formato: según hemos visto tras la #MuseumWeek, una semana entera dedicada a diario podría resultar contraproducente, pesada e incluso perdernos en la búsqueda de nuestro objetivo. ¿Sería mejor, entonces, concretar un día de la semana y una hora para comenzar el diálogo?
Segundo: ¿cuáles son nuestros objetivos?
-Definir el perfil profesional del trabajador de museo, en sus diferentes departamentos y funciones.
-Dar luz a las vías para acceder a un puesto de trabajo para museólogos y profesionales de museos.
-Hacer partícipes a todos los agentes. Debate abierto a todos los profesionales que deseen aportar ideas en una situación de crisis y un entorno complejo.
-Fomentar el debate entre profesionales (con trabajo remunerado o sin él) para que las diferentes visiones y propuestas enriquezcan la labor de todos ellos.
-Incentivar las iniciativas comunes entre los diferentes agentes (profesionales de instituciones, profesionales independientes, gestores culturales, educadores, etc).
-Usar las herramientas a nuestro alcance para dejar constancia de la iniciativa y de los resultados. ¿Un blog, por ejemplo?
-Poner sobre la mesa las debilidades y fortalezas del sector. Promover un debate sin complejos y sin autocomplacencia. La crítica constructiva y autocrítica como lema.
Tercero, elaboración de la iniciativa y el plan de acción de forma conjunta entre todos los interesados.
Cuarto y último, puesta en común de las conclusiones y evaluación de los resultados. ¿Habrá alguien dispuesto a publicarlos más allá de nuestros propios blogs?
Hace más de una año, en otra de las interesantes charlas que se dan en twitter, unos cuantos (ahora no recuerdo bien quiénes eramos, pero bastantes), decidimos montar #MuseumRevolution, que básicamente quedó en un conjunto de buenas intenciones sin continuación. Eso sí, aún tenemos nuestro grupo privado en Facebook. Con #MuseumProfessionalsWeek nos empeñaremos en que no ocurra lo mismo.
Pues esto es todo. Más o menos lo que contaba Almudena en su post. ¿Comenzamos? Podéis ir dejando vuestras impresiones, sugerencias, ideas, en los comentarios de cualquiera de los dos posts. Almudena y yo (aún no sé cómo), iremos organizando la información para hacerlo realidad cuanto antes.
#MuseumProfessionalsWeek, #MuseumPrefessionalsDay, #MuseumProfessionalsHour... cualquiera, pero ya. Es necesario, nos divierte y nos motiva.
Ya acabó 2013. Un año complicado para los museos e instituciones públicas por la falta de recursos, de personal, de maniobra, todavía más si cabe, que los años anteriores. Aún así, hemos podido ver muestras maravillosas que nos han acercado arte de todos los tiempos y de cualquier lugar del mundo. Algunas de ellas con presupuesto mínimo, otras no tanto.
Personalmente, admiro los esfuerzos que hacen profesionales e instituciones por mantener su actividad, por seguir aportando soluciones para solventar los obstáculos que ahora, más que nunca, se hacen visibles.
Pero en todo ésto hay algo que me sorprende: ahora que estamos tan necesitados de cultura, una cultura que nos sustente, que nos alivie, que nos mueva y nos haga reflexionar, ¿qué sentido tienen las exposiciones espectáculo? Cuando digo "exposiciones espectáculo" me refiero a todas esas que salen a página completa en los periódicos, a esas a las que se les dedica un par de minutos en los telediarios, a las que se le pone el titular: "la exposición más visitada de los últimos 10 años", "la primera retrospectiva del artista en España", "horas de cola para visitar la exposición del año", etc.
Bien, no seré yo quien esté en contra de que la gente vaya al museo, pero, ¿qué tal si reflexionamos sobre el porqué de las visitas a esas exposiciones? En primer lugar, la cantidad de publicidad sobre ellas es tal que crean la necesidad de ir. Una necesidad, a mi entender, más basada en la moda que en las ganas de aprender y disfrutar: hay que estar. En segundo lugar, son exposiciones que, por lo general, nos acercan artistas, estilos o colectivos ya muy consolidados y conocidos, lo que supone un éxito casi garantizado de ante mano. No arriesgan. En tercer lugar, son exposiciones caras, donde encontrarás obras "dificilísimas de conseguir", que crean la expectativa de contemplar algo "único".
Museo del Louvre
Y os preguntaréis si ésto es criticable. Tal y como yo lo veo, estas exposiciones no se centran en enriquecer sino en "hacer caja". A más visitantes, más venta de entradas, más dinero para la institución que pretende no sólo sufragar gastos sino conseguir fondos.
Y al final cuando se hacen cuentas ¿mereció la pena? No sólo me refiero al desgaste de la institución, al que llega una cantidad de público muy complicada de gestionar, ampliación de horarios, más asistentes de sala... Y al público mismo ¿le mereció la pena asistir? ¿Se puede disfrutar de una exposición cuando tienes que luchar para poder estar delante de la obra un minuto? ¿cuando es imposible leer los textos de pared porque las cabezas que van y vienen y se ponen delante no te dejan?...
Que conste que yo creo que el museo es un lugar para todos, y por eso mismo, pienso que ir al museo debe responder a un deseo personal, a una necesidad cultural, a una curiosidad artística, y no a una moda. ¿Es positiva la experiencia que el público que no suele visitar museos, o incluso el que sí, tiene después de haber asistido a una exposición de este tipo? ¿Tras haber hecho horas de cola? ¿Después de haber pagado una entrada, en muchos casos, más cara de lo habitual?
¿Y el resto de servicios que acompañan y nos hacen entender mejor una exposición como el pedagógico? Es una labor que necesita de un cuidado, una planificación, unos medios y un personal tan especializado y entregado que en este tipo de exposiciones no suele resultar fácil llevarla a cabo. Es más, normalmente se reduce a visitas guiadas por lo inabarcable del asunto.
En mi humilde opinión, la ganancia más clara es para el/la director/a de turno, y tras él, el/la político/a que la promueve. Es una cuestión de ranking, de estar en la lista de los "más visitados", de los que "más minutos han tenido en tv", "o más reportajes en prensa escrita", los "más nombrados por medios internacionales", etc... Los más, los más, los más... Y en ninguna de estas listas se hace referencia al poso cultural que esta exposición dejó en la comunidad a la que se debe el museo o institución que la llevó a cabo. ¿Era realmente necesaria ahora? ¿La comunidad en la que el museo está inmerso ha crecido, es más sabia con ella? ¿Ha respondido a alguna cuestión social, política, cultural, de las que ahora tanto nos preocupan? No debemos cometer el error de confundir cantidad con calidad. Una exposición muy visitada no es sinónimo de una buena exposición. De hecho, soy muy fan de los museos pequeños. No todos (doy fe) pero la mayoría suplen su falta de presupuesto con grandes ideas, ingenio, muchas horas de estudio para sacar el máximo partido al poco dinero. Estos museos no suelen estar en la lista de "los más" y sin embargo su labor es digna del máximo reconocimiento.
Museo Británico
Habría que aprovechar la crisis para plantearnos estas cuestiones ya que en otros tiempos, cuando se hacían edificios desorbitados para museos que no tenían colección ni proyecto, no se hicieron. Y es que quizá habría que dejar de querer ser "los más citados en medios internacionales", para pasar a ser "los más queridos por los vecinos del barrio, la ciudad, la comunidad". Para mí esa, y no otra, es la razón de ser de un museo: servir a la sociedad que le alberga, ser un lugar de reflexión y crecimiento personal y conjunto.
Muchos museos públicos han optado por producir exposiciones temporales con sus propios fondos o bien, a través de becas o residencias que además reducir costes, promocionan a artistas nacionales emergentes. Ejemplo de ésto que digo son el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o LABoral. Me parece una idea acertadísima que pone en valor la colección propia, ayuda en la difícil carrera de nuestros artistas, reduce costes y sigue manteniendo vivas nuestras instituciones. Si crisis es oportunidad, en este caso no puede estar más claro.
Creo que el problema es de concepto. No estoy en contra de traer exposiciones únicas de artistas "mito" pero quizá este no es el momento, y desde luego, esa no es la manera. El dinero gastado en una exposición en un centro público debe de servir para algo más que para mejorar reputaciones personales.
Y este artículo, amigos, es solamente una reflexión personal...
Nunca lo habría pensado pero twitter me ha acercado a mi
vocación, los museos y el arte contemporáneo, no solo por mantenerme informada
de todo lo que ocurre, sino también, por ponerme en contacto con esos
profesionales con los que comparto visiones, problemáticas, ideas e ilusiones.
Gracias a él he conocido, entre otros, a una gran profesional y persona,
Aitziber Urtasun, con la que mantengo charlas sobre arte, museos y vida, que
sin duda me enriquecen y me hacen crecer. Es una persona cercana, que siempre
está dispuesta a colaborar, reflexionar y compartir, por lo que pensé que sería
muy buena idea preparar una charla que reflejara los temas que solemos tratar y
que seguro son de importancia para todos los que leéis el blog.
Nacida en Bilbao, Aitziber estudió Empresas y Actividades Turísticas en la
Universidad de Deusto e Historia del Arte en la Universidad Pública del País
Vasco. Cursó también un Máster de Arte Contemporáneo en la Universidad de
Deusto.
Su carrera profesional comienza en Bilbao donde tras varios
años como guía profesional independiente, empieza a colaborar de forma permanente con el Departamento de
Educación del Museo de Bellas Artes y del Museo Guggenheim Bilbao. El
Guggenheim le ofrece la oportunidad de colaborar puntualmente con otras
instituciones internacionales como la Kunsthaus de Zürich y el Art Institute of
Chicago organizando visitas a coleccionistas y galeristas y realizando tours
culturales en España y Europa.
Dirige el Departamento de Didáctica del Museo Oteiza desde
el año 2003, siendo éste una apuesta totalmente personal ya que lo puso en marcha desde cero. Su labor abarca desde
el diseño de los programas y actividades educativas, la formación de educadores
y profesorado, hasta la colaboración en
el diseño de las exposiciones.
En paralelo, realiza comisariados de exposiciones
pues entiende que es una fantástica herramienta para contar historias. En el
Museo Oteiza comisarió “Homo Ludens. El artista frente al juego”, pero también ha comisariado para otras instituciones como el Musée Guetary de Francia o La Ciudadela y Centros culturales de Pamplona y Bilbao.
Actualmente imparte conferencias y colabora como docente en la Escuela de
Arquitectura de la Universidad de Pamplona.
Ya sabéis quién es ella y quién soy yo. Comenzamos la
charla. Os invito a participar. Entre todos encontraremos respuestas y
plantearemos más preguntas. ¡Adelante!
P. Tu formación ha estado siempre enfocada al arte y la
cultura. ¿Qué retos te planteó el museo como institución a la hora de realizar
tu trabajo?
R.El museo es un espacio único para desarrollar escenarios
de diálogo entre el público, la historia, el arte y, por extensión, la cultura
pero también puede resultar una trampa porque para una inmensa mayoría de
público la visita es una acción que se desarrolla en sus momentos de ocio. Este
hecho puede rebajar la capacidad de la institución como centro con plena
capacidad para formar y educar. Creo que lo más complejo es siempre encontrar
el término medio entre esos dos aspectos: el museo como agente de
entretenimiento y de formación a un mismo tiempo.
P. ¿Es el museo el organismo más indicado para la difusión y
socialización del arte contemporáneo?
R. A partir de los años 60 el artista y su obra multiplican las
formas de mirar el arte. Este, a través de su creador, deja de lado la estética
y el metarrelato como eje central de su discurso y comienza a preocuparse por
los microrrelatos. Aparecen conceptos de género, sexualidad, violencia,
política, etc. El arte tiene, más que nunca, una relación con la sociedad, con
sus virtudes y sus defectos, con sus logros y sus males. Si el artista mira por
fin de frente a su sociedad, el museo, como representante (no único pero si
fundamental en la estructura cultural) debe hacer lo posible por conectar
también con ella.
En este sentido creo que aún queda mucho recorrido por
realizar. La mayoría de museos centran sus esfuerzos en la creación de
exposiciones y publicaciones ofreciendo muy pocos recursos (tanto humanos como
económicos) para desarrollar actividades que permitan transformar el arte en
una herramienta de acción social.
Además, dichas actividades suelen realizarse en total desconexión con los
agentes externos y, generalmente, siempre en el espacio físico del museo. El
museo del futuro tiene que ser más activo y dinámico y debe romper sus barreras
físicas y virtuales. No hay que trabajar sólo para la sociedad sino por, desde
y con ella.
P. Has comisariado exposiciones tanto en España como en el
extranjero, ¿piensas que una exposición debe ser didáctica también desde la labor del comisario?
R. La mayoría de los profesionales del arte cuando escuchan
el término “exposición didáctica” se ponen a temblar porque lo relacionan con
una muestra diseñada y explicada desde términos superficiales, fáciles e
incluso infantiles. No tiene nada que ver con eso. El hecho de que una
exposición tenga que ser didáctica significa que toda muestra debe generar la
posibilidad de activar procesos educativos a distintos niveles. No se trata de
explicar al lado de cada obra todo tipo de detalles sobre la misma sino de
utilizar la diferente variedad de recursos de que dispone un museo o centro de
arte (folletos, textos, de salas, códigos QRs, publicaciones, redes sociales,
blogs, etc) para trabajar la exposición desde diferentes niveles de lenguaje.
No debemos olvidar que la exposición no es visitada por el público sino por
“públicos” que traen consigo experiencias muy diversas y tienen necesidades muy
distintas.
La famosa frase de “el arte no necesita justificación” es
válida para el creador pero en el momento que la situamos en un entorno
público y democratizamos el acceso a
ella (y en la mayoría de los casos cobramos por verla) es necesario generar
herramientas y acciones de acercamiento. No como justificación del valor de lo
expuesto sino como medio de comunicación y educación entre el público y la
obra.
P. ¿Qué diferencias has observado entre el público español y
el extranjero a la hora de enfrentarse al arte contemporáneo?
R. Mis conocimientos a nivel profesional se centran
principalmente en Estados Unidos y Francia. En el primer caso, el arte
contemporáneo es una herramienta de trabajo mucho más trabajada y valorada en
las escuelas de lo que es actualmente en España y los proyectos tienen más
conexión con los diversos colectivos sociales que conforman la comunidad. En el
ámbito adulto, el arte contemporáneo se “consume” más que aquí pero bien es
cierto que no a un nivel popular sino más especializado.
Francia por el contrario es un país donde la cultura es
valorada y tratada con un respeto mucho mayor que aquí por todo tipo de público.
Cuando empecé a trabajar con franceses me sorprendió por ejemplo el gran
interés de asociaciones de la tercera edad en el aprendizaje y disfrute del
arte moderno y contemporáneo.
En ambos países se genera un enorme esfuerzo en hacer llegar
el arte a todo tipo de colectivos y programas de acercamiento a grupos de
exclusión social que aquí nos parecen casos aislados pero que allí forman parte
permanente de las programaciones educativas.
P. Tu trabajo en museos comenzó en el Museo de BBAA de
Bilbao y el Guggenheim ¿existe gran diferencia en el trabajo que se realiza en
instituciones públicas y privadas?
R. En principio, según mi experiencia la gran diferencia
entre lo público y lo privado son los tiempos. El museo privado te permite más
flexibilidad a la hora de programar y desprogramar y también algo más de
libertad para innovar. Pero las diferencias no son muy grandes. Creo que la
diferencia mayor se da entre un museo de estructura grande como el Guggenheim y
uno de estructura pequeña como el Museo Oteiza en el que trabajo actualmente ya
que en el primero las distancias entre departamentos son muy grandes y eso
genera una gran incomunicación. Por el contrario, en el segundo caso se trabaja
de forma transversal y el trabajo de los técnicos se mejora, se enriquece e
incluso se corrige con la visión de los demás.
P. Pusiste en marcha el departamento didáctico en el Museo
Oteiza, ¿cuál es la mayor dificultad que te ha planteado el proyecto? ¿Cuáles
las mayores satisfacciones? ¿En qué museos te inspiras para realizar tus
programaciones?
R.Poner en marcha un departamento de un nuevo museo supone
un reto que puede llegar a generar mucho vértigo pero también es todo un
regalo. El ámbito de la educación no es tan lineal ni cerrado como el de la
conservación por ello empezar de cero te permite dar un carácter propio desde
el que marcar diferencias con otros centros.
En el caso del Museo Oteiza existían dos dificultades
evidentes que creo han sido solventadas a día de hoy. Por una parte, Oteiza fue
un artista muy activo social y políticamente, con un fuerte carácter y muy
polémico. Ello hizo que al final de su carrera el personaje hiciese sombra a la
obra. El primer reto era por lo tanto devolver luz a la colección y ayudar al
público a conocerla en mayor profundidad. La obra siempre debe ser más
importante que el autor.
Por otra parte, desde un departamento de didáctica es
necesario estructurar un plan de actividad destinado a centros escolares de
todas las edades. La obra de Oteiza a nivel plástico es muy difícil para el
niño ya que en su mayoría es abstracta, carece de color como elemento narrativo
o estético y basa su composición en conceptos relacionados con las matemáticas,
la física cuántica, la geología o la filosofía. ¿Se puede explicar una obra así
a un niño? Claro que sí pero hay que deconstruirla hasta encontrar elementos de
conexión. Como bien decía el propio Oteiza: “la obra de arte no educa. La obra
de arte es una herramienta para servirnos de ella”.
No tengo un museo claro de referencia. Suelo fijarme más en
proyectos que en la totalidad del servicio educativo del museo. Si es cierto
que los museos que con independencia de su tamaño han conseguido una mayor
activación de su entorno social despiertan más mi interés. En ese sentido me
resulta muy interesante la experiencia del Centro de Arte la panera de Lleida,
el Museo del Romanticismo de Madrid, las programaciones destinadas a
adolescentes (un público difícil de captar) del MNACRS o las acciones más
experimentales de centros como Matadero. Un caso que me ha resultado revelador
es el caso del Museo de Brooklyn que ha sido capaz de triplicar en muy poco
tiempo sus visitantes y desarrollar una enorme conexión con su comunidad
gracias a su presencia en las redes.
P. Desde el principio has querido crear un tejido social que
sustente y legitime tu labor y la del propio museo Oteiza, ¿crees que es algo
habitual o que, por el contrario, las actividades didácticas se centran en el
entretenimiento más que en la socialización del arte?
R. Tal como comentábamos al principio para la mayoría de la
gente el arte es un medio de entretenimiento. Lo hemos visto claramente en
estos tiempos de crisis en los que tanta gente se indigna por los recortes en
educación pero pocos por los recortes en cultura. ¿Pero acaso la cultura no es
educación?
La situación actual debe activar nuestra alerta y
recordarnos que todavía hay mucho por hacer para crear una verdadera conexión
entre la cultura y la sociedad de nuestro tiempo y concienciarla de su importancia.
En mi caso además, es cierto que en los últimos años, y
gracias al apoyo del museo Oteiza, he trabajado firmemente en el objetivo de
acercar al arte a los colectivos más desfavorecidos. En primer lugar, porque
creo firmemente en el poder del arte como herramienta de transformación social
y en segundo lugar, porque considero que todo el mundo tiene derecho a tener la
oportunidad de encontrarse frente a una obra de arte y disfrutar en la medida
que pueda de ella. Por eso, trabajo de forma continua para romper las barreras
físicas del museo como institución y en los últimos diez años he llevado
proyectos a lugares tan diversos como centros de educación especial,
hospitales, centros penitenciarios o centros de salud mental. Si el arte, tal como Oteiza creía, pertenece
a su sociedad, debe pertenecer a TODA su sociedad.
P. ¿Cuáles son los puntos clave que te planteas a la hora de
idear una actividad? ¿Y para el comisariado de una exposición?
R. El desarrollo de una actividad tiene para mí siempre una
estructura bidireccional. Me pregunto a mí misma qué conceptos quiero trabajar
desde ella pero también qué necesidades pueden surgir desde el tipo de público con el que trabajo. También
es muy importante que la estructura de la actividad no resulte alienante ni
excesivamente direccionada. Es decir, que se planteen actividades que no sólo
den respuestas sino que generen preguntas que en muchas ocasiones el
participante tendrá que buscar por si mismo tras la actividad.
Cuido también mucho los materiales con los que trabajo. No
me gusta trabajar con materiales propios de bellas artes porque siento que la
actividad puede confundirse con una búsqueda artística y la función de la
mayoría de las actividades que desarrollo tienen como objetivo potenciar la
creatividad y activar la capacidad de reflexión y crítica del participante.
Para eso no se necesitan materiales especiales.
En el caso de realizar una actividad o programa con un
colectivo de exclusión social creo que es fundamental ser humilde y contar
siempre con la orientación y el apoyo de los profesionales que trabajan con
ellos (psicólogos, terapeutas, etc).
Si hablamos de la construcción de una exposición siempre
busco dos cosas: por una parte que la muestra tenga diferentes niveles de
lectura para que la pueda disfrutar un público diverso y que me permita contar
algo. Para mí el comisariado es una forma de contar historias. No quiero decir
que siempre deba ser así sino que para mí es una forma de literatura. En
cualquier caso, siempre que la ocasión me lo permite escucho mucho al artista
antes de componer esa narración y siempre la construyo desde su aprobación
porque aunque a algunos no les ha quedado claro todavía, el comisario no es un
artista.
P. ¿Realizas evaluaciones de tus actividades y comisariados?
¿Qué cosas has ido mejorando con la experiencia? ¿Cómo ha evolucionado el
público en su relación con el museo desde que existe el departamento didáctico?
R. Si se trata de actividades escolares realizo una
evaluación formal a través del profesorado. En el resto de actividades, como
trabajo siempre con grupos reducidos, pregunto sus impresiones no sólo al
finalizar la actividad sino también a lo largo de la misma si se trata de un programa de varias sesiones,
porque siempre me gusta reajustar cosas a lo largo del proceso.
En el caso del comisariado me apoyo mucho en los auxiliares
de sala. Les pido que observen, que escuchen y su opinión me ayuda mucho a
tomar conciencia de la muestra. Por ejemplo, en la exposición “Homo Ludens” que
realicé hace varios años en el Museo Oteiza seleccioné varias piezas de
carácter interactivo. Como el museo tiene un corte clásico por representar a un
artista de los años 50, su público no está acostumbrado a tener una actitud
participativa. Los auxiliares de sala fueron los que me informaron de que la
gente no tocaba ni jugaba con esas piezas por lo que no se entendían. Así una
semana después de la inauguración añadí una cartela al lado de cada una
indicando que esas piezas sí se podían tocar.
Este año celebramos el décimo aniversario del museo algo que
puede parecer mucho pero que a nivel educativo es muy poco. No obstante, creo
que hemos conseguido que el público local sienta como suyo el museo
respondiendo muy activamente a todas las actividades. La presencia de la
colección es muy notable en la
estructura escolar de la Comunidad de Navarra y muy valorada por los centros educativos de otras comunidades. Comenzamos abriendo la puerta a un público que
venía buscando las huellas del artista por una vinculación personal y ahora las
puertas se abren para un público muy diverso no sólo en edad y conocimientos
sino también en procedencia. Creo que no lo estamos haciendo nada mal.
P. ¿Qué opinas de la situación actual de los museos (falta
de fondos, carencia de personal, etc)? ¿Qué propuestas pondrías sobre la mesa
para solventar la situación?
R. Por una parte, tal como comentaba antes la sociedad
actual de nuestro país no siente que la cultura sea un bien educativo y eso
hace que nuestra estructura sea muy débil frente a la crisis. Hay que
incentivar el “consumo” de cultura sin culpabilizar solamente a las instituciones
públicas. A veces, somos los propios profesionales del arte los que en nuestro
afán de intelectualizar toda acción cultural alejamos al público y desactivamos
el consumo.
En un ámbito interno, hay que ampliar el trabajo en red.
Sumar esfuerzos y aprovechar sinergias. Yo siempre digo lo mismo: cuando vas a
un congreso de educación todo el mundo te cuenta los proyectos que ha realizado
pero nadie te explica cómo los ha hecho ni las dificultades que se ha
encontrado por el camino. Tenemos que ser más transparentes entre nosotros y
aprender a compartir.
P. También impartes clases y conferencias, ¿crees suficiente
la formación artística y cultural en el sistema educativo español?
R. Absolutamente no. En los niveles básicos educativos el
arte está relegado a un mero escenario de desahogo creativo para el niño cuando
desde el arte se puede reforzar el conocimiento de cualquier materia del
currículo.
En el ámbito universitario existe una total desconexión
entre las materias impartidas en las aulas y las necesidades reales del
mercado. Se sigue enseñando al alumno a memorizar datos pero en ningún caso se
potencia la capacidad reflexiva y crítica del mismo, algo que es fundamental en
la construcción de un futuro tejido cultural.
Por otra parte, habría que desmitificar ciertas profesiones.
Hoy en día hay muchos estudiantes que quieren ser comisarios porque les parece
glamuroso y una forma de ganar mucho dinero y en la mayoría de los casos lo que
hay detrás es muchísimo trabajo y mucha hambre a fin de mes.
Museo Oteiza (Navarra)
P. Algunos estamos en
el mismo camino que tú aunque nos queda mucho por andar para alcanzarte ¿qué
consejos nos darías a los museólogos y aspirantes? ¿Crees que es una profesión
necesaria, de futuro?
R.No creo que deba dar consejos a nadie pero si recordar
que esta es una profesión absolutamente vocacional. El que quiera ganar dinero
y tener un horario fijo que se dedique a otra cosa.
Es una carrera de fondo que te obliga a no bajar la guardia
nunca y eso hace que tengas que ser una persona curiosa y con ganas de aprender
constantemente porque si no te quedas en
el camino.
Y algo que es fundamental hoy en día es la capacidad de trabajar
en equipo y tener conocimientos de otros departamentos y funciones porque te
ayudará a trabajar de forma transversal. Ya no vale eso de que el conservador
es conservador, el comisario es comisario y el educador es educador.
Estamos pasando un momento difícil en el que hay que
rediseñar y replantear parte de las estructuras culturales así como nuestra
forma de trabajar en ellas, pero siempre será una profesión de futuro porque el
arte es un órgano vital de nuestra sociedad.