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miércoles, 2 de abril de 2014

Capítulo 54. ROSAS.

Hace treinta años, en 1984, se presentaba por primera vez en España la coreografía "Rosas Danst Rosas" de la coreógrafa belga Anne Teresa De Keersmaeker. La ciudad elegida fue Granada. Cuando conocí este dato quise ser mayor, haber tenido en el 84 unos 15 o 20 años y no 4, y así haber podido disfrutar de ese maravilloso estreno.
 
Treinta años después, hace un par de domingos, "Rosas Danst Rosas" volvió a Granada y, por supuesto, no podía faltar. Mis lectores saben que hace años practiqué danza contemporánea pero esa base, digamos teórica, no la tengo. Hay que aprovechar la curiosidad. Un día por casualidad buscando vídeos de danza contemporánea, discubrí la película que, en 1997, Thierry De Mey realizó con diferentes elencos de bailarinas que, desde el estreno de la coreografía en 1983, la habían representado por todo el mundo. La localización y los escenarios, una vieja escuela técnica en Lovaina (Bélgica), son un genial acierto que contextualizan la coreografía de forma magistral.



 
 Rosas Danst Rosas, Film by Thierry De Mey, 1997


Anne Teresa De Keersmaeker, formada en la escuela MUDRA en Bélgica y en la New York Tisch School of  the Art, se convirtió desde muy joven en coreógrafa postmoderna de referencia gracias a su espectáculo "Rosas Danst Rosas", que ya se se ha convertido en un clásico contemporáneo. Con apenas veinte años su tercera coreografía, la que le daría la fama internacional, se presentó en el Festival Kaaitheater de Bruselas. En ella, Anne Teresa bailaría junto a Fumiyo Ikeda, Michèle Anne De Mey y Adriana Borrielo. Los premios recibidos desde entonces y las magníficas críticas de medios entendidos, avalan la calidad de la pieza. El éxito conseguido con esta coreografía dará lugar a la creación de su propia compañía, llamada Rosas como no podía ser de otra manera. Todos estos años después, "Rosas Danst Rosas" sigue siendo uno de los puntos fuertes del programa.

"Un coreógrafo que te hace pensar y sentir a la vez, haciéndote consciente de ambos procesos al mismo tiempo, es difícil de encontrar. Anna Teresa De Keersmaeker, nacida en Bélgica en 1960, lo consigue. Tras alcanzar prominencia en el circuito escénico europeo durante los últimos cuatro años por un conjunto de piezas meticulosamente detallistas, ha sido descrita con frecuencia como una mezcla entre Lucinda Childs y Pina Bausch."

                                                                                       Anna Kisselgoff, The New York Times, 9/11/1986


 Fase, Four Movements to the Music of Steve Reich, 1982

La pieza, dividida en cuatro partes o actos, resulta desde el primer momento hipnótica. Los movimientos repetidos infinidad de veces parecen convertirse en una especie de regla matemática, una fórmula mágica en la que cada cierto tiempo se introduce un "error" o variación, que a su vez, acaba convirtiéndose en nueva regla. Movimientos casi marciales, a veces violentos, que se mezclan con gestos cotidianos, humanos, conocidos, que desplazan la dureza y dan paso a la ternura. Las miradas que las cuatro bailarinas se dirigen y estampan en el público, nos conmueven. Consiguen que veamos no sólo a geniales bailarinas, también nos presentan a personas que quieren establecer complicidad con el público y que, de algún modo, lo hacen partícipe.

Es una pieza que requiere de una concentración y una calidad técnica que asombra. Los movimientos sincronizados al máximo, totalmente definidos y medidos, se llenan de naturalidad al mismo tiempo que el espectáculo va avanzando. Ellas, que comienzan perfectamente peinadas, vestidas, impolutas, finalizan la pieza agotadas, con la respiración alterada, sudadas, despeinadas. No es casualidad. A Anne Teresa le interesa que el público sea consciente del esfuerzo que supone la danza. En la estricta coreografía hay incluso lugar para el error y para el descanso. El baile se hace real. Forma parte de las personas. No crea un mundo ajeno o fictício.

En el primer acto, el más serio, las bailarinas se deslizan por el suelo. No hay música, sólo el ruido de la propia sala y las respiraciones, suspiros y manotazos, que consiguen convertir en sonido.

En el segundo, para mí el mejor, colocan sillas de madera en diferentes planos. Aquí la música repetitiva, metálica y mimimalista que compusieron para la obra el mismo Thierry De Mey y Peter Vermeersch, define perfectamente los movimientos. Son la misma cosa.

En la tercera, las bailarinas ya en pie, juegan con los planos y las distancias, por supuesto sin olvidar nunca la geometría. La iluminación define esos planos, dirigiendo la mirada hacia la bailarina que introduce la variación.

El último acto, el cuarto, es la explosión del baile. Se usan las diagonáles, las distancias, los planos, incluso los círculos. La pieza se cierra con las bailarinas agotadas y removidas recordándonos los movimientos claves de la coreografía, ya casi sin aliento.

Una obra maestra de la danza contemporánea que va fluyendo ante ti y que finaliza en un climax que une a público y bailarinas. Te mantiene boquiabierta desde el inicio admirando cada detalle perfecto, cada respiración, cada movimiento violento o lleno de ternura. 

La página web de "Rosas Danst Rosas" está totalmente en sintonía con la propia coreografía. Ofrece información, fotografías, vídeos en los que Anne Teresa te da la bienvenida o te explica los pasos, puedes descargarte la música gratuitamente, aprender la coreografía para después grabarte y compartirla con todos los demás en la propia web. ¡Fantástica iniciativa!


 De Boomhut danst Rosas

Finalizo con un consejo: si "Rosas Danst Rosas" pasa por vuestra ciudad, no os la perdáis.



lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo 37. VOGLIO VEDERTI DANZARE

Cuando me preguntaban de pequeña: "¿tú que quieres ser de mayor?", siempre respondía lo mismo: "bailarina". No será nada muy extraño, supongo, pero es que yo quería serlo de verdad, verdad. Mi tía abuela se enfadaba y decía: "¡tú tienes que aprender a hacer cuentas para ayudar a tu padre en el bar!". Mi respuesta era que se olvidara de eso. Yo, cuando tuviera 18 (porque antes mis padres no me iban a dejar), me iría a Madrid y sería una gran bailarina con tutú y todo.



La cosa, como sabréis, no fue así, pero al menos he tenido la suerte de hacer mis pinitos y con grandes resultados. A los 10 me mudé a un pueblo algo más grande donde, para mi felicidad, había escuelas de danza y flamenco. Y ahí empezó todo. Durante unos ocho años toqué bastantes palos (nunca mejor dicho): ballet clásico, danza contemporánea, clásico español y flamenco. No es porque sea yo quien lo cuente, aunque no me pidáis objetividad, claro, pero valía. Sí que valía para ello. De hecho, con el flamenco llegué a bailar como profesional en un cuadro. Lo dejé cuando empecé a estudiar la carrera, que hay que estudiar para labrarse un futuro (¡qué paradoja, eh!). Ahora el futuro es incierto para todos, pero no es que me arrepienta. Con el arte y la museología encontré una segunda vocación, y esos años dedicados a la danza, aprendiendo y esforzándome, me han servido para mucho. Sobre todo, para amar y respetar la danza. Reconocer el valor del trabajo duro, el saber entregarse a un sueño, por hacer arte, por vivir de él y para él. Admiro profundamente a las personas que se dedican a la danza. Es muy difícil, no sólo por las oportunidades, escasas como en todo lo cultural, sino por el sacrificio mental y físico que supone.



Recuerdo la primera vez que vi un ballet en directo. Fue el de Víctor Ullate, con el espectáculo "Arrayan Daraxa". De ahí salieron algunos de los grandes bailarines que ha dado nuestro país: Tamara Rojo, Igor Yebra o Ángel Corella. Creo que nunca en mi vida he sentido tanta emoción. Estuve prácticamente una semana hablando de ello. La coreografía, los bailarines, la música, el vestuario... Me pareció algo casi sobrenatural, mágico. Aún guardo los autógrafos que pedí a los bailarines cuando acabó el show. Toda una grupi yo.



¡Cuántos recuerdos y qué buenos todos!



Hace un par de años, hablando con un amigo que intenta dedicarse a la danza, y que él si que se fue a Madrid para conseguirlo, me enseñó un vídeo que me dejó con la boca abierta. Se trata del espectáculo y también película "Amelia", de la compañía canadiense La La La Human Steps.



Sobre ellos han dicho cosas tan impactantes como ésta:

"Es imposible imitar la técnica de Lock, no tiene imitadores: sus bailarines se mueven a una velocidad que parece desafiar lo que es humanamente posible". Tatyana Kuznetsova.



La La La Human Steps fue fundada por el coreógrafo Édouard Lock en 1980 en Montreal, Canada. Desde sus inicios, la compañía ha sido reconocida como una de las mejores a nivel mundial, no sólo por la calidad de las coreografías y de los bailarines, a los que se les pide continua evolución y redefinición en su actitud ante la danza, sino por sus colaboraciones con grandes artistas como Iggy Pop, My Bloody Valentine, Frank Zappa o David Bowie. Para Bowie, Lock trabajó como director artístico en su gira "Sonido y Visión" de 1990.



   
                                            


Desde 1985 con el espectáculo "Human Sex", la compañía de Lock ha estado girando por todo el mundo, encabezando la vanguardia de la danza y manteniendo cada show durante más de dos años en cartel. 



Édouard Lock ha creado coreografías para muchas de las grandes compañías actuales, como la de La Ópera de Paris, el Het Nationale Ballet de Holanda o el Nederlands Dans Theater. Sus premios y reconocimientos son incontables, pero lo mejor es que disfrutéis de la gran cantidad de vídeos y referencias que hay sobre La La La Human Steps en la red, y si podéis, vayáis a verlos en directo si pasan por aquí (la última vez fue en 2011 con "New Work by Édouar Lock"). ¡Ah!, y avisadme. Me muero de ganas de asistir a cualquiera de sus fantásticos shows.

¡Feliz día de la danza! "Porque bailar es soñar con los pies"...