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miércoles, 16 de marzo de 2016

Capítulo 78. DAZ DISLEY Y LA MÍMESIS TECNOLÓGICA.

Es de todos sabido el largo camino que ha hecho el arte cogido de la mano de la naturaleza. La mímesis, la copia de la naturaleza, ha sido prácticamente hasta finales del siglo XIX, el gran tema central del arte occidental. Y no es de extrañar ya que el artista nos ha querido transmitir su visión del mundo, con más o menos libertad según el caso, inspirándose para ello en lo que le rodeaba y realizando su propia interpretación más o menos simbólica, profunda, alejada de lo real o cercana al modelo.

Ya entrados en el siglo XXI, cuando contamos con herramientas tecnológicas de tercera generación, el arte, que muchos critican por alejado del natural, en mi opinión, no ha ido ni mucho menos tan lejos en muchos casos. Los formatos son distintos, las luchas son las mismas: el hombre, su manera de estar en el mundo (la sociedad) y la naturaleza (como contexto).

Daz Disley, no es artista, o él dice no considerarse así, pero sus preocupaciones encuentran una salida para hacerse visibles, para comunicar, en formas creativas y propiamente artísticas. Llegado desde el mundo de la música, en su mente lo visual es en gran medida otra de las vías por la que las preguntas que se plantea a diario encuentran forma, se hacen explícitas. Por esta razón, lo visual no tiene que ser de un modo determinado: usa fotografía, vídeo y música, por el momento, pero su búsqueda en formatos y herramientas no ha acabado aquí. Lo digital es su lenguaje sin que ello lo aleje de la naturaleza como demuestran sus obras. Para Daz el arte, su arte, es únicamente un canal por el que materializar sus preguntas, es por este motivo que la forma pierde importancia frente al contenido: lo importante es investigar para hallar el camino que le lleve a la respuesta que está buscando. El modo más idóneo para presentar aquello que le preocupa.



En sus fotografías los motivos oscilan, van y vuelven. Del retrato a la abstracción. Del natural a la transposición a formas puras o a su disolución en manchas de color, en movimiento, música insinuada. Imágenes que bailan y nos ofrecen desde una experiencia bella formalmente, a una crítica política y social en la que reivindica su visión del mundo.

En la serie "Euro Witch, Pop Bitch..." la modelo, vestida con los colores de la bandera de la Unión Europea, juega de forma agresiva con un globo que también simula la bandera. Su actitud nos revela el desprecio por esta realidad política. El aspecto desaliñado, dejado, hostil, nos hace preguntarnos ¿es esta la Europa en la que vivo? ¿Es el lugar en el que quiero estar? La respuesta de Daz es clara. A través de la burla nos enseña una realidad que le preocupa, le disgusta y que usando esta serie fotográfica, consigue calmar en cierta forma. Usa la ironía como terapia contra el hastío.



En las series Pea Soup and Polo Mints y Woodland, retoma una fotografía más clásica, aunque no en sentido estricto. Para ello, se traslada a parajes naturales evocadores, misteriosos, que nos ofrecen imágenes de gran belleza pero nos dejan cierta sensación de desazón. Hay en estas fotografías un aire frío, una atmósfera nostálgica y solitaria que atrae e hipnotiza. Hace que queramos saber más.

En la primera, animales en pequeños grupos o en solitario, son captados con gran delicadeza. Objetos de uso cotidiano son abandonados, o están allí, esperando. No sabemos cuándo se olvidaron de ellos ni cuánto tiempo les queda por permanecer descolocados, sin uso. Este sabor algo angustioso, la incertidumbre que desprenden estas imágenes, amplía su belleza. Consigue que sigamos mirándolas esperando un desenlace que no llegará. Son una historia que se quedó congelada en un punto y a la que nosotros llegamos como invitados. Podemos observar pero no intervenir.



En Woodland, Daz nos ofrece ese viaje de ida y vuelta que ya os comentaba al principio. Fotografiando el detalle de los árboles, matorrales y plantas de un bosque, conseguimos ir de lo particular a lo general: de la naturaleza, esa naturaleza (con nombre y apellidos pero que desconocemos), a formas básicas como líneas verticales, círculos, diagonales. Realiza un ejercicio de la abstracción más pura aunque abandonando el proceso un poco antes de perder de vista absolutamente la conexión con la realidad.



En la serie Velocity, sin embargo, muchas de las fotografías sí que finalmente nos sumergen en las líneas, manchas de color, de luz. Realizadas dentro de un coche en movimiento, solo necesita jugar con el tiempo de exposición para conseguir resultados tan sugerentes. Obras envueltas en irrealidad esponjosa. En ensoñación.



En sus vídeos "Blooms", Daz ha grabado y fotografiado diferentes tipos de flores para después generar una serie de imágenes en 3D que descomponen la figura convirtiéndola en motas de luz y brochazos de color en suspensión en un espacio neutro, mágico, desprovisto de gravedad, donde la flor que ya no es flor, puede moverse y crear formas nuevas que no se parecen a su realidad anterior. La serie Blooms viene a demostrar, como ya lo hizo antes Kandinsky, que el arte abstracto, o mucho de él, tiene la naturaleza como modelo. Que lo que nos rodea no es más que construcciones azarosas pero precisas de formas puras, simples. Y que nuestra percepción depende en mucho de nuestra subjetividad y nuestra capacidad de mirar con ojos distintos. Armarnos con una mirada abierta para que lo no concreto, real, no nos aturda sino que nos haga imaginar un espacio y un tiempo diferentes.




En la última de sus salas, llamada "Vídeo Works" la figura humana vuelve a tomar protagonismo. Entornos abandonados, edificios que se desvanecen y transmutan en formas que danzan, naturaleza que se desdibuja... Todo ello para que la bailarina Fenia Kotsopoulou, su pareja, y algún actor más coreografíen unas pieza que, lejos de proporcionar solamente calma, nos obligan a mirar en nuestro interior y encontrarnos con nuestras propias preguntas. Con nuestros miedos y soledades. También nos incitan a observar a nuestro alrededor y cuestionar la verdad de lo que vemos. Nos puede ayudar a preguntarnos por aquel que tienes al lado. De nuevo, como en sus fotografías, nos atrae y deja la pregunta abierta. El qué ha pasado o qué pasará, sin resolver.



Daz resuelve por medios creativos digitales, cuestiones muy humanas y comunes. Se pregunta por el mundo queriendo hacernos partícipes de sus preocupaciones. Buscando la mejor forma, la más bella, de presentárnoslas. Porque aún en el siglo XXI hay preguntas que siguen abiertas. Porque hay cuestiones que seguramente no encontrarán una respuesta válida para todos y en cada momento. Porque el arte sigue estando conectado a (nuestra, la) naturaleza.


Todas las imágenes son propiedad de Daz Disley.

martes, 21 de febrero de 2012

Capítulo 11. REFLEXIONES DE UNA NOVATA EN ARCO

Enfrentarse a la hoja en blanco es realmente duro. Más cuando es la primera vez que escribo sobre algo que no creo conocer del todo bien, o al menos, de primera mano. Nunca había asistido a una feria de arte, aunque por supuesto, he seguido las noticias sobre ellas. 

No quiero perder de vista en mis opiniones que las ferias, junto con las subastas, son por excelencia el lugar donde el arte es verdaderamente mercado. No es que en el resto de lugares o instituciones no lo sea, pero quizá en ellas se hace verdaderamente patente y, por ello, no debemos olvidar que primarán las sinergias propias del mismo, por encima de otras que pudiéramos considerar como más "espirituales" o "emocionales". Y al final, el valor sentimental del arte, ¿no es un valor añadido?. A veces me lo planteo seriamente, después, miro una obra de alguno de mis artistas preferidos o algún recién llegado que me fascina, y vuelvo a creer que el arte es algo más. Que puede cambiar en algo el mundo. Ésta es mi lucha interna, la batalla entre el objeto de mercado y el significado emotivo y de diálogo del mismo. Puede ser que los que han conseguido copar los dos ámbitos sean los grandes. Puede ser, quizá....

En principio debo decir que la feria me gustó, pero que al mismo tiempo me pareció poco atrevida, nada de transgresión, nada de riesgo, una apuesta clara por lo "clásico": pintura, algo de instalación y poco más. Es lógico pues, en tiempos de crisis, las galerías supongo que apuestan por los valores seguros, por las ventas claras, pero... ¡estamos en el siglo XXI!!!!, ¿qué pasa con los pioneros?, ¿con los que innovan?, ¿con los artistas más singulares que experimentan?. ¿Dónde está el relevo generacional?. De todos modos, es imposible negar el placer de contemplar un Bacon, algo de Marina Abramovic, unas fotografías de Mapplethorpe, etc. Y como no, saber el precio. Esas cifras que hacen que los ojos se te pongan como platos y que entiendas por qué tú nunca pertenecerás a ese grupo tan selecto. Lo bueno es que tengo ojos y algo de criterio creo que también. La capacidad de sorprenderme, ser crítico o emocionarme, no me la quita nadie.

Comenzaré hablando de Eugenio Merino y su obra "Always Franco". No puedo decir que no esté lograda, conseguida, eso es obvio, pero a mi parecer, no aporta nada. Bueno sí, polémica. Me da la sensación de que se ha seguido el dicho "que hablen de mí aunque sea mal". Me parece absurdo todo el revuelo organizado entorno a la obra, que al final, tampoco me parece tan crítica. Hay obras menos escandalosas que son mucho más afiladas, denuncian mucho más, pero claro, no son tan directas. Te debes parar a mirar y reflexionar.


Eugenio Merino


Hubo cosas que me hicieron sentir en casa, como la alegría de ver a "viejos" conocidos. Algunos que empiezan prácticamente su andadura y otros que llevan ya años luchando, buscando su sitio y que parece, lo van encontrando, cosa que me hace muy feliz. Entre ellos Javi Calleja, Santiago Ydáñez o Daniel Canogar.


Javi Calleja



Santiago Ydáñez



Daniel Canogar


Dos obras, dos autores, que no conocía y realmente me sorprendieron muy gratamente. Una de estas obras fue "Carroña" de Javier Pérez en la galería Carles Taché. Me fascinó por su elegante crítica, poesía visual, atrayente. La otra, que creo, pasó desapercibida quizá para muchos y que me mí me pareció fantástica, delicada, elegante, es la obra "Me despido de ti III" de Jorge Mayet (galería Horrach Moyà). Artista cubano afincado en Mallorca. Algunas de sus declaraciones para el "Diario de Mallorca": "Pienso en imágenes y creo que las imágenes contemporáneas están basadas en la realidad pura y dura. No veo la diferencia entre pintura y escultura. La imagen es lo que prima en lo que cada uno quiere contar"


Javier Pérez


Javier Pérez


Jorge Mayet




Quiero resaltar una galería colombiana, "El Museo", por algo lo latinoamericano está de moda. Buenísima calidad de obras y de artistas, como Juan Francisco Casas.

Juan Francisco Casas


Juan Francisco Casas



Muy interesante me pareció el stand de "El País" dedicado al graffiti. El que me gustara no deja de hacerme pensar sobre una cuestión: ¿Es necesario que un arte callejero se mueva en este tipo de eventos?, ¿no pierde así su sentido, su libertad, su capacidad crítica?. Ahí lo dejo...

                                     



                                     


       
                                     




Una obra a resaltar de Fernando Sánchez Castillo en la galería Juana de Aizpuru, es la siguiente instalación:


Fernando Sánchez Castillo
                                     

Una imagen simple, clara, que nos evoca los cuarteles de la Guardia Civil (con todo lo que eso conlleva) y que está cargada de crítica irónica. No es tan llamativa como "Always Franco" por supuesto, pero ahí, en su rincón, es tan afilada como la otra, o más. Sacude, transmite a la perfección la idea. Podríamos calificarla de conceptual, pero el concepto es claro. Para mí, mucho mejor ésta, a todas luces.


Por último podría subir imágenes de los clásicos que había por todos lados, pero no lo considero necesario, ya que todos sabéis quiénes son y qué galerías los mostraban. 

Pues para terminar, mi conclusión: ARCO valió la pena. Me gustó aún sin ser lo transgresor que esperaba. Los grandes son apuestas seguras y las galerías no están dispuestas a perder un euro. Una feria de arte comtemporáneo "clásico", pero de calidad, como no. Por otro lado, me encantó ver que había mucha gente joven, gente que parecía estar ahí como yo, sólo para observar y disfrutar, y de camino, aprender algo sobre todo ésto, que no es fácil. Así que en resumen, sí hay gente interesada por el arte contemporáneo y mucha. De todos los niveles además. Pero me preocupa una cosa. La accesibilidad. 40 euros de entrada es un precio prohibitivo para muchos de nosotros (estudiantes, personas en paro aunque profesionales del sector, etc). Yo me puedo dar con un canto en los dientes ya que entré, gracias a mis amistades dentro de estos espacios, con entrada VIP (¡yo VIP!!!!), pero me imagino la gente que le hubiera encantado ir y que no pudo por esta razón. Está claro, que no el arte en sí mismo, pero sí su mercado, su mundo, es elitista. Bienvenidos a esta partida de ajedrez. Los peones también sois importantes, aunque sea para hacer relleno.




jueves, 8 de diciembre de 2011

Capítulo 6. ¿ARTE DIGITAL O ARTE DIGITALIZADO?

Unos días atrás, @camilayelarte, @AguedaBeatriz y yo, tuvimos una interesante charla motivada por el siguiente artículo de Elena Vozmediano "Una colección en la pantalla". La galería on-line http://www.seditionart.com está poniendo a la venta obras de grandes artistas como Damien Hirst, Tracey Emin o Bill Viola, a un precio que oscila entre los 6 y los 600 euros. Independientemente de los problemas o defectos que ya detecta Elena en su post, sería normal plantearse otros: ¿tiene sentido pagar por una obra real digitalizada?. Las obras que en esta galería están a la venta son obras que "existen" fuera de la red, realizadas en materiales no digitales. De hecho puedes, si tienes dinero, comprar estas obras en una galería "real" para colgarlas en la pared "real" de tu casa. Entonces, estamos pagando, no por una obra, sino por la imagen digital de ésta. ¿Para qué pagar por una imagen si puedes encontrarla en internet, descargarla y usarla incluso con mayor calidad?. Sí, puede ser que aquí entremos en un terreno ilegal pero en cualquier caso, el uso tanto de la imagen que has comprado en esta galería como el de la que te bajas de internet, es principalmente personal y no con fin lucrativo.

Todo esto me lleva a reflexionar sobre lo poco desarrollado del lenguaje digital dentro del mundo del arte, pues, todavía hoy, seguimos trasladando lo real a lo digital. Podemos verlo en las visitas virtuales de los museos, que normalmente son recorridos exactamente iguales a los que haríamos al museo en nuestra visita en persona. Podemos andar por las salas, mirar una obra de cerca, hacer un recorrido, pero aún no se ha creado una solución válida para que estas visitas sean realmente por y para la red. Esto es exactamente lo que ocurre en la galería de la que hablamos.

Debemos tener en consideración que ya existe un arte digital o net.art. Un arte que ha nacido dentro de la red, realizado con sus instrumentos y su lenguaje, y que no tiene sentido (además, no existe) fuera de ella. En este caso, pagar por una obra digital, sí sería lo idóneo, ya que compras la obra, no la imagen de ella. Para saber un poquito más sobre net.art os recomiendo el blog: Net.art: un espacio dedicado a este arte que vuela por la red. En España, desde 1990 se celebra un festival de arte y cultura digital que se ha hecho ya un nombre a nivel mundial y que se preocupa por difundir, reflexionar y mostrar este lenguaje digital. Se llama Artfutura y aunque comenzó en Barcelona, ya se ha extendido por ciudades de España y el extranjero.

Por lo tanto, ¿qué opináis?: ¿es lícito vender imágenes digitales de obras reales, o es un timo?, ¿debemos apoyar y considerar como válido el arte digital?, ¿es por él por el que deberíamos pagar y no por el arte digitalizado?.

Sobre el papel de los museos, el arte contemporáneo y las nuevas tecnologías ha investigado Nuria Rodríguez Ortega, Directora del Departamento de Historia del Arte en la Universidad de Málaga, Doctora en Historia del Arte y Especialista en Humanidades Digitales. Su ponencia en el I Simposio Internacional de Museología Crítica realizado en Málaga en junio, al que asistí, trataba estos temas. Está publicado en revistas especializadas de la Universidad de Zaragoza y Málaga, aunque yo aún espero que me faciliten la referencia. Cuando la tenga os hago saber.

Yo, como no tengo dinero para comprar ni obra digital ni real, de momento me estoy haciendo mi colección de imágenes "piratas" bajadas de internet con los artistas que más me gustan. Os animo a que hagáis lo mismo, pues al menos, es una forma de coleccionismo gratuita e interesante.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Capítulo 3. UNA RESPUESTA Y MEDIA

  Hoy pretendo darle respuesta a una de las preguntas que me (os) planteé en mi entrada anterior. Puede ser que, contestando una, consiga al menos media respuesta a otra de ellas.

  Pues bien, ¿quién decide qué es arte y qué no actualmente?. Allá voy...

  A lo largo de la Historia del arte, las manifestaciones artísticas han estado vinculadas a los entes de poder de la sociedad: religión y estado. Ya incluso en la prehistoria, el arte (o lo que los historiadores del arte hemos venido a llamar como tal) estaba directamente relacionado con lo religioso o mágico, siendo sus ejecutores los chamanes o gurús de esas comunidades. Más tarde, en la época clásica, fue un instrumento al servicio de la política y como no, también de la religión. Podemos observar que esto mismo ha estado ocurriendo en periodos posteriores.

  Con la apertura de los primeros museos, después de la revolución francesa, los grandes coleccionistas, los reyes, abrieron sus colecciones al pueblo y de ahí que la masa social, pudo comenzar a tener contacto con las grandes obras que ya no sólo eran religiosas o propandísticas, sino simplemente bellas.

  El nacimiento de un poder social verdaderamente fuerte como para poseer este preciado artículo, la burguesía, y la entrada en escena del capitalismo, supuso que el arte entrara a formar parte del mercado.

  Los objetos artísticos se han convertido desde entonces, en objetos de mercado y esto lo cambia todo, aunque no cambia nada. El cambio principal, a mi parecer, es que el círculo elitista en el que se movía hasta entonces, se abrió. Ahora esta élite de la sociedad que puede poseer arte es mayor, en número sí.

  El arte pues, es un MERCADO, y se rige por las reglas que a éste le son propias (oferta y demanda, etc, etc). ¿Esta afirmación supone que saquemos las obras artísticas de ese mundo supremo en el que se movían?. No, para nada, pues sigue siendo un producto de lujo que solamente unos pocos pueden adquirir, y es más, no ha perdido su carácter mágico, pues poseer arte te da estatus, te incluye en el círculo de aquellos que, a falta de títulos nobiliarios, consiguieron distinguirse del resto de la humanidad gracias a las grandes colecciones que crearon. Véase por ejemplo Salomon Guggenheim o el barón Thyssen, que consiguieron fortuna gracias a sus grandes negocios y que, gracias a sus colecciones pasarán a la posteridad y serán recordados (¿no era a caso eso lo que pretendían los grandes emperadores romanos con sus programas escultóricos y arquitectónicos?).

  Si el arte es un mercado ¿quienes eligen qué es arte o que no en la actualidad?. Respuesta: aquellos que pueden pagar por él, es decir, LOS COLECCIONISTAS. Aquí tenemos entonces, la respuesta, y enseguida, la media respuesta. El arte contemporáneo debe tener como característica el ser comprable, debe ser atractivo para aquellos que pueden pagar por él. Esto no nos debe hacer rasgarnos las vestiduras, pues, en principio, no quita el valor artístico a la obra. Eso sí, como cualquier producto, su mayor o menor auge en el mercado responderá a cuestiones de moda o gusto, y es de suponer, que a cuestiones de valor artístico.

  Queda, de este modo, enmarcado el mundo del arte actual. Hagamos un retrato de la situación. En lo alto de la pirámide encontramos al coleccionista, que normalmente, se encuentra apoyado en expertos que le aconsejan sobre sus compras. No debemos olvidar a los museos y las grandes instituciones, pues también ellas serán grandes coleccionista (para ser museo, según el ICOM, debes poseer una colección). Por debajo de ellos, se encuentran los lugares donde se realizan las transacciones comerciales artísticas, es decir, galerías y casa de subastas, que crearán tendencias según su stock. Y ¿en todo este entramado dónde queda el artista?. En mi opinión, viene justo ahora. Tras la creación del concepto de genio en el s. XIX, el artista entra en este círculo con personalidad propia y su mayor o menor éxito dependerá, en mucho, de el éxito de la venta de sus obras. Los artistas necesitan que los galeristas y las casas de subastas vendan sus obras y que el coleccionista apueste por ellos. Un creador pasará del más absoluto anonimato a la aclamación pública cuando uno de los grandes decida incluirlo en su colección. Después de eso, o al mismo tiempo, los museos e instituciones se lo sortearán para inaugurar exposiciones sobre ellos, aunque, como no, se puedan dar casos en los que el recorrido no sea exactamente el aquí dibujado.Por último, el crítico, que será el encargado de dar sustento teórico a todo lo demás. sea a priori como a posteriori.

  Es por todo esto que cuando vamos a una inauguración importante, y haciendo una parodia del mundo del arte, nos encontremos a los siguientes tipos:

-El Artistas: como un Bisbal del arte, aclamado, abrumado por la prensa.
-El Director del Museo o Galerista: el productor del espectáculo.
-El Crítico: a favor o en contra de todos los demás. Dispuesto a hundir en la miseria la representación o bien, alabarla y aplaudirla.
-El Coleccionista: presume de poseer ya un ejemplar del genio, o mueve sus hilos para poseerlo cuanto antes.
-El Comisario: el encargado de hilar el argumento de todo, el que ha creado el guión.

  Pues, estando así las cosas, las diferentes personas que trabajan o queremos trabajar dentro instituciones de difusión del arte contemporáneo y museos (conservadores, comisarios (no freelance), responsables del departamento pedagógico, etc) tenemos la labor de ser los que presentemos este mundo a la sociedad en general, haciéndosela comprensible, creando un discurso crítico a su alrededor, consiguiendo que sea accesible. Esto no es tarea fácil, ya que el arte contemporáneo, por estar gestándose en el mismo momento en que se quiere consumir, y encontrándonos en un mundo postmoderno, donde los límites anteriormente trazados se diluyen, nos supone un reto, un misterio a descifrar incluso a aquellos a los que se supone "entendemos de arte".

  Es el reto, el desafío lo más apasionante para mí cuando hablamos de arte contemporáneo, pues entender la realidad en la que nos vemos inmersos no es sino un ejercicio de crítica y autocrítica al mismo tiempo.

  Como decía Camila (y el arte) "me gustaría saber qué obras y artistas pasarán a la historia". A mi también me gustaría, pero creo que debemos esperar para eso. Debemos tener paciencia para que el presente se convierta en historia, aunque yo, ya tengo mis apuestas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Capítulo 2. ¿Y AHORA QUÉ?

  Llevo bastantes días dándole vueltas a la cabeza para intentar darle forma a este escrito, y bien, no sé si finalmente lo conseguiré.

  Debo admitir que siempre me ha fascinado la filosofía y la estética, pero no soy ni mucho menos una entendida, así que intentaré decir lo que quiero decir sin cometer errores imperdonables por no citar (o por citar sin ser consciente) a un pensador u otro.

  Cuando comienzas a estudiar historia del arte, uno (o al menos yo) cree que el arte es algo definido y que, una obra de arte es un objeto con características bien delimitadas, por lo que es indiscutible que una obra de arte no sea considerada como tal.

  Más tarde estudias que ya los dadaistas y futuristas a principios del siglo XX, pregonaron la muerte del arte y celebraron su renacer. En este renacer la obra ya no era algo encasillado, donde las posibilidades, por infinitas, se hacían dificilmente encuadrables.

  Según José Fernández Arenas, en su libro Teoría y Metodología de la Historia del Arte: "Una obra de arte, sería, por tanto, un producto original elaborado por el hombre artificialmente con la intención de comunicar algo", y, "Las obras de arte no sólo son un hecho histórico y cultural sino además un objeto material donde interviene la técnica, la materia, la forma, el lenguaje colectivo e individual y el testimonio social. Existen motivaciones históricas, estéticas, lingüísticas, y sociales en el origen de la obra de arte".

  Si seguimos esta definición, ¿dónde englobamos al arte conceptual?. Como sabemos, esta corriente artística desobjetualizó el arte, es decir, la obra no era más un objeto, sino una idea. Dicho sea de paso, leí en algún lugar que en los años ochenta las galerías más renombradas dijeron a los artistas conceptuales: "¡Chicos, volver ha hacer objetos, que no tenemos nada que vender!". Por supuesto que las ideas son valiosas, pero el mercado quiere objetos.

  Otra de las características propias de lo que tradicionalmente se ha considerado arte, era la pericia técnica (pintura, escultura, arquitectura). Pero claro, llegó nuestro amigo Marcel Duchamp y colocó un urinario al revés, una rueda de bicicleta sobre un tabure de madera...y ahora, ¿qué hacemos con la pericia técnica?. Si el artista ya no elabora materialmente la obra (no quiere decir que no domine las técnicas sino que simplemente, decide obviarlas), ¿cómo podemos valorar la pericia técnica?. O un ejemplo más cercano. Damien Hirst. En sus series de "Historia Natural", donde animales muertos son preservados en formol, y expuesto en vitrinas acristaladas. Saco a Hirst a colación para recordar que su tiburón tigre se descompuso y debió ser reemplazado por otro. A parte de otras críticas posibles...¿pericia técnica?.

  Siguiente característica: una obra debe ser única, es decir, no ser un plagio de una obra ya existente. Bien, hoy por hoy, la fotografía, el grabado, el vídeo, son artes con mayúsculas, pero por supuesto, son obras múltiples. Nos hemos cargado otra de las premisas de la obra de arte.

  Vayamos ahora a la originalidad. Una obra de arte ha de ser original. Citando de nuevo a Fernández Arenas: "Lo que sí debe ser distintivo de una obra de arte es la autenticidad como opuesto a copia, imitación o plagio. Esta autenticidad debe darse no sólo en la concepción, diseño o proyecto que se puede definir como originalidad creativa, sino también en el plano de la realización técnica de la obra". Bien, pues ahí tenemos a Tracey Emin, que siendo una de las artistas más cotizadas actualmente, presenta en sus exposiciones su diu muy bien enmarcado, o la obra "My Bed", en la que Emin nos muestra su cama, deshecha, con sábanas sucias, pañuelos de papel, condones, compresas, etc donde estuvo una semana metida sin salir pensando en suicidarse. Esta obra fue finalista del premio Turner en 1999 y que definitivamente la catapultó a la fama. ¿No es esto sino una copia de lo que, en su momento hizo Duchamp?. Es decir, un ready-made, u objeto encontrado que se convierte en arte por el simple hecho de que el artista lo ha considerado así y lo ha puesto en una galería sobre un pedestal.

  Por último, hablaremos de artisticidad. Fernández Arenas nos comenta: "La artisticidad está definida por la comunicabilidad del objeto artificializado. Ello supone que esta comunicabilidad depende de unos condicionamientos productivos y otros perceptivos y que, cuanto mayor o menor sea el nivel de comprensión, mayor o menor es la cualidad artística del objeto". Y con esto último acabamos de destrozar la mayor parte de la producción artística contemporánea, pues como dije en la anterior entrada, la mayor parte de la sociedad no comprende ni legitima el arte contemporáneo.

  Quiero señalar que creo que hoy en día se hacen cosas muy buenas, que conmueven, transmiten, te hacen reflexionar, comunican. Quizá no es problema de la obra contemporánea en sí, sino de la teoría sobre ella, que ciertamente, habría que reformular. Muchos filósofos y teóricos actuales ya están puestos manos a la obra.


  Analizado todo esto, y sin echar mano de Hegel o Arthur Danto (te tiene que gustar la filosofía pero son, indudablemente lecturas muy recomendables), ¿Qué es una obra de arte contemporáneo?, ¿qué características le son propias?, ¿quién decide qué es arte y qué no actualmente?.


  En mi opinión, al menos una de esas preguntas tiene una respuesta clara y evidente, pero dejaré el tema para mi próxima entrada.