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sábado, 7 de marzo de 2015

Capítulo 68. CUATRO MIRADAS DE UNA MISMA HISTORIA: FERIAS Y BLOGGERS #PostEncadenados.

Cuatro blogs amigos (Contemporaneidades de Emma Trinidad, Cultura Suicida de Diana GuijarroWhy on White de Julio Muncio y este que leéis), unimos miradas y esfuerzos para contaros cómo vivimos "la semana del arte en Madrid". Recojo el relevo de Julio y os cuento mis reflexiones personales a continuación. La segunda visión de esta semana loca en estas letras: 

No hace demasiado que acudo cada año a la semana de las ferias. Deben ser unos 5 años, más o menos, pero ya me ha dado tiempo a notar ciertos cambios, ciertas tendencias. La verdad es que no soy experta en mercado de arte aunque pertenece a mi mundo y me interesa. Todos sabéis que lo mío son los museos donde la perspectiva, aunque sólo contemplemos la forma en la que se organiza una exposición, es muy diferente. Quiero decir con ello que mi visión es personal, profesional (por ser gestión y difusión del arte contemporáneo), pero no experta.

En los últimos años ha habido una proliferación de ferias de arte (algunas, en mi opinión, no entrarían en esta categoría por falta de calidad) que me sorprende muchísimo. Ferias que con el pretexto del arte emergente consiguen poner a las obras y galerías el cartelito de low cost. Eso sí, normalmente el adjetivo "low" no irá acompañando a los intermediarios: hoteles (por ejemplo) y gestores. Es una moda, parece ser que cada capital de provincia debe contar con su propia feria. Yo, desde la ingenuidad, me pregunto: ¿es necesario esto? ¿hay mercado para tanto mercado (o mercadillo)?

ARCO Madrid 2015
A la sombra de la feria más importante del país, ARCO, también ha ocurrido algo semejante pero todo indica que algunas de ellas (Just Mad, que traía propuestas muy interesantes y accesibles gustándome especialmente las galerías que representaban al país invitado, Colombia, o ArtMadrid Fair) ya se han consolidado y cuentan con un público fiel que va con la clara intención de comprar. Esto puede parecer algo obvio, pero quizá no lo es tanto: ¿cuántos, de los más de 100.000 visitantes que ha tenido ARCO, compraron?

Me quedé con muchas ganas de visitar Casa Leibniz porque es un proyecto que me parece muy interesante: una exposición contemplativa para un tiempo nuevo; porque había obras de buenos artistas amigos como Antonio Fernández Alvira, y textos de grandes profesionales como Vila-Matas o Estrella de Diego. Es una de mis espinitas clavadas de este año pero apenas dos días no dan para más. Espero que se repita.

No os voy a engañar, a mí ir a las ferias me gusta. Como imaginaréis, ni tengo dinero para comprar, ni formo parte de exquisitos grupos. Normalmente, ni sé qué cara tienen la mayoría de los artistas, ni mis favoritos, así que me puedo cruzar con el mismísimo Hirst que no me daría cuenta. Supongo que el despiste es parte de mi encanto (...).

Lejos de todo esto, cuando voy a alguna feria lo primero que me interesa es ver obra, conocer nuevas propuestas curatoriales, charlar con personas del ámbito que puedan enseñarme, aprender de ellos, observar a la gente, las actitudes, y mantenerme al margen. No soy muy de "postureo". El estrictamente necesario, no más, por favor.

Este año en ARCO me he sentido cómoda. No tan perro verde como años anteriores. Supongo que será porque ya no lo encuentro un lugar tan ajeno, pero sobre todo, siento que el motivo principal es que el arte que había este año, era un arte amable. Muy pocas cosas saltaban a la vista. Con ello, el recorrido se hizo mucho más complicado. Había que ir mirando atentamente para no perderse esa pieza que no se te quitaría de la cabeza una vez todo hubiera pasado. Poco arte político y social, o mejor dicho, menos evidente; poquísima videocreación; poca instalación, o quizá, instalaciones menos engorrosas, más comprables (?); bastantes piezas (de Daniel Canogar, Helena Almeida, etc) vistas en repetidas ocasiones en la misma feria, en el mismo stand, que puede ser hasta cierto punto normal, pero si hasta a mí me pareció cansado...

Como la primera vez que fui a la feria, pasé por ADN. Una de mis galerías preferidas por llevar a artistas comprometidos política y socialmente: Mireia Sallarès, Núria Güell o Eugenio Merino.

Eugenio Merino en ADN.
Elvira González nos proponía nombres consagrados entre los que destaco (mi adorado) Olafur Oliasson.

La Deweer Gallery nos trajo al artista español Enrique Marty, con esas esculturas que sobrecogen, que ejercen esa atracción extraña que hace que quieras huir y permanecer al mismo tiempo. La crueldad y la crítica social como elementos propiamente humanos están presentes en su obra.


Enrique Marty en Deweer Gallery
El stand de la galería italiana Studio Trisorio me gustó. Era limpio, con obras sutiles, delicadas, que transmitían calma... Ahora mientras escribo, me doy cuenta de que es una de las mejores muestras de lo que argumentaba al principio: es un arte amable.


Fabrizio Corneli en Studio Trisorio
En Travesía Cuatro me llamó mucho la atención la obra de Asunción Molinos Gordo, con un técnica más bien artesanal (cerámica) pero cargada de contenido ideológico "Hambre. Un objeto hecho por el hombre".


Asunción Molinos Gordo en Travesía Cuatro
Por supuesto pasé por Juana de Aizpuru que, sin lugar a dudas, fue uno de los stands que más me gustó. Obras de Alicia Framis, Cristina Lucas o Yasumasa Morimura. Combinó una gran presencia femenina, española, comprometida, con grandes nombres internacionales. Una gran propuesta la de este año.

Cristina Lucas en Juana de Aizpuru
Alicia Framis en Juana de Aizpuru
La Galería Horrach Moya seguro que ha sido una de las más fotografiadas: Joana Vasconcelos, Jorge Mayet (con obras que ya había visto en años anteriores pero que me encantan) o Sylvie Fleury con sus neones de crítica y autocrítica sobre sociedad consumista.


Jorge Mayet en Horrach Moya
El gesto exagerado y el desnudo sin filtros de Esther Ferrer mientras vomita cientos de monedas, nos daba la bienvenida al stand de la galería Altxerri, que traía un monográfico sobre esta artista a la que tanto admiro, y la mayoría de vosotros también.

Esther Ferrer en Altxerri
De Rolf Art Gallery me atrapó la fotografía en blanco y negro de Adriana Lestido, que presentaba mujeres en diferentes situaciones de marginación.

Adriana Lestido en Rolf Art Gallery
La galería de Michael Zink siempre trae buena pintura. En este caso las poderosas imágenes de Rinus Van de Velde, en grandes formatos en blanco y negro, me fascinaron. Me habría llevado a casa uno de ellos sin pensarlo.


Rinus Van de Velde en Gallery Zink
Mi repaso acaba en Colombia, que como sabéis, fue el país invitado. Las propuestas artísticas colombianas me parecen realmente interesantes. Un arte sentido, crítico, que mezcla tradiciones ancestrales con modernidad absoluta... Tengo que seguir profundizando en el arte colombiano porque me parece apasionante.

Resaltaré la propuesta de la galería Valenzuela Klenner. Sí, cierto es que allí sufrí un flechazo, pero la razón principal es que las obras de Liliana Angulo y Edwin Sánchez me resultan muy atractivas. Fotografía, instalación, vídeo y carteles que consiguen obras estéticas, políticas y armónicas.


Edwin Sánchez en Valenzuela Klenner
Mi visita a ARCO, a pesar de ocuparme todo el día, se quedó corta. Me faltó tiempo para pasar por la galería El Museo de Bogotá, ver la obra de Juan Francisco Casas, y como no, la tan comentada obra de Jorge Magyaroff. Eso sí, el vaso de agua de Wilfredo Prieto sí que lo vi. Un vaso más agua. Allí. La obra de la polémica. Pero qué serían de las ferias de arte contemporáneo si no provocaran la discusión recurrente, trillada y necesaria acerca de qué es el arte.


Wilfredo Prieto en Nogueras Blanchard

Y en menos de un par de horas será el turno de la personal perspectiva de Diana Guijarro en Cultura Suicida. ¡A por el tercer post encadenado!





martes, 21 de febrero de 2012

Capítulo 11. REFLEXIONES DE UNA NOVATA EN ARCO

Enfrentarse a la hoja en blanco es realmente duro. Más cuando es la primera vez que escribo sobre algo que no creo conocer del todo bien, o al menos, de primera mano. Nunca había asistido a una feria de arte, aunque por supuesto, he seguido las noticias sobre ellas. 

No quiero perder de vista en mis opiniones que las ferias, junto con las subastas, son por excelencia el lugar donde el arte es verdaderamente mercado. No es que en el resto de lugares o instituciones no lo sea, pero quizá en ellas se hace verdaderamente patente y, por ello, no debemos olvidar que primarán las sinergias propias del mismo, por encima de otras que pudiéramos considerar como más "espirituales" o "emocionales". Y al final, el valor sentimental del arte, ¿no es un valor añadido?. A veces me lo planteo seriamente, después, miro una obra de alguno de mis artistas preferidos o algún recién llegado que me fascina, y vuelvo a creer que el arte es algo más. Que puede cambiar en algo el mundo. Ésta es mi lucha interna, la batalla entre el objeto de mercado y el significado emotivo y de diálogo del mismo. Puede ser que los que han conseguido copar los dos ámbitos sean los grandes. Puede ser, quizá....

En principio debo decir que la feria me gustó, pero que al mismo tiempo me pareció poco atrevida, nada de transgresión, nada de riesgo, una apuesta clara por lo "clásico": pintura, algo de instalación y poco más. Es lógico pues, en tiempos de crisis, las galerías supongo que apuestan por los valores seguros, por las ventas claras, pero... ¡estamos en el siglo XXI!!!!, ¿qué pasa con los pioneros?, ¿con los que innovan?, ¿con los artistas más singulares que experimentan?. ¿Dónde está el relevo generacional?. De todos modos, es imposible negar el placer de contemplar un Bacon, algo de Marina Abramovic, unas fotografías de Mapplethorpe, etc. Y como no, saber el precio. Esas cifras que hacen que los ojos se te pongan como platos y que entiendas por qué tú nunca pertenecerás a ese grupo tan selecto. Lo bueno es que tengo ojos y algo de criterio creo que también. La capacidad de sorprenderme, ser crítico o emocionarme, no me la quita nadie.

Comenzaré hablando de Eugenio Merino y su obra "Always Franco". No puedo decir que no esté lograda, conseguida, eso es obvio, pero a mi parecer, no aporta nada. Bueno sí, polémica. Me da la sensación de que se ha seguido el dicho "que hablen de mí aunque sea mal". Me parece absurdo todo el revuelo organizado entorno a la obra, que al final, tampoco me parece tan crítica. Hay obras menos escandalosas que son mucho más afiladas, denuncian mucho más, pero claro, no son tan directas. Te debes parar a mirar y reflexionar.


Eugenio Merino


Hubo cosas que me hicieron sentir en casa, como la alegría de ver a "viejos" conocidos. Algunos que empiezan prácticamente su andadura y otros que llevan ya años luchando, buscando su sitio y que parece, lo van encontrando, cosa que me hace muy feliz. Entre ellos Javi Calleja, Santiago Ydáñez o Daniel Canogar.


Javi Calleja



Santiago Ydáñez



Daniel Canogar


Dos obras, dos autores, que no conocía y realmente me sorprendieron muy gratamente. Una de estas obras fue "Carroña" de Javier Pérez en la galería Carles Taché. Me fascinó por su elegante crítica, poesía visual, atrayente. La otra, que creo, pasó desapercibida quizá para muchos y que me mí me pareció fantástica, delicada, elegante, es la obra "Me despido de ti III" de Jorge Mayet (galería Horrach Moyà). Artista cubano afincado en Mallorca. Algunas de sus declaraciones para el "Diario de Mallorca": "Pienso en imágenes y creo que las imágenes contemporáneas están basadas en la realidad pura y dura. No veo la diferencia entre pintura y escultura. La imagen es lo que prima en lo que cada uno quiere contar"


Javier Pérez


Javier Pérez


Jorge Mayet




Quiero resaltar una galería colombiana, "El Museo", por algo lo latinoamericano está de moda. Buenísima calidad de obras y de artistas, como Juan Francisco Casas.

Juan Francisco Casas


Juan Francisco Casas



Muy interesante me pareció el stand de "El País" dedicado al graffiti. El que me gustara no deja de hacerme pensar sobre una cuestión: ¿Es necesario que un arte callejero se mueva en este tipo de eventos?, ¿no pierde así su sentido, su libertad, su capacidad crítica?. Ahí lo dejo...

                                     



                                     


       
                                     




Una obra a resaltar de Fernando Sánchez Castillo en la galería Juana de Aizpuru, es la siguiente instalación:


Fernando Sánchez Castillo
                                     

Una imagen simple, clara, que nos evoca los cuarteles de la Guardia Civil (con todo lo que eso conlleva) y que está cargada de crítica irónica. No es tan llamativa como "Always Franco" por supuesto, pero ahí, en su rincón, es tan afilada como la otra, o más. Sacude, transmite a la perfección la idea. Podríamos calificarla de conceptual, pero el concepto es claro. Para mí, mucho mejor ésta, a todas luces.


Por último podría subir imágenes de los clásicos que había por todos lados, pero no lo considero necesario, ya que todos sabéis quiénes son y qué galerías los mostraban. 

Pues para terminar, mi conclusión: ARCO valió la pena. Me gustó aún sin ser lo transgresor que esperaba. Los grandes son apuestas seguras y las galerías no están dispuestas a perder un euro. Una feria de arte comtemporáneo "clásico", pero de calidad, como no. Por otro lado, me encantó ver que había mucha gente joven, gente que parecía estar ahí como yo, sólo para observar y disfrutar, y de camino, aprender algo sobre todo ésto, que no es fácil. Así que en resumen, sí hay gente interesada por el arte contemporáneo y mucha. De todos los niveles además. Pero me preocupa una cosa. La accesibilidad. 40 euros de entrada es un precio prohibitivo para muchos de nosotros (estudiantes, personas en paro aunque profesionales del sector, etc). Yo me puedo dar con un canto en los dientes ya que entré, gracias a mis amistades dentro de estos espacios, con entrada VIP (¡yo VIP!!!!), pero me imagino la gente que le hubiera encantado ir y que no pudo por esta razón. Está claro, que no el arte en sí mismo, pero sí su mercado, su mundo, es elitista. Bienvenidos a esta partida de ajedrez. Los peones también sois importantes, aunque sea para hacer relleno.




sábado, 12 de noviembre de 2011

Capítulo 3. UNA RESPUESTA Y MEDIA

  Hoy pretendo darle respuesta a una de las preguntas que me (os) planteé en mi entrada anterior. Puede ser que, contestando una, consiga al menos media respuesta a otra de ellas.

  Pues bien, ¿quién decide qué es arte y qué no actualmente?. Allá voy...

  A lo largo de la Historia del arte, las manifestaciones artísticas han estado vinculadas a los entes de poder de la sociedad: religión y estado. Ya incluso en la prehistoria, el arte (o lo que los historiadores del arte hemos venido a llamar como tal) estaba directamente relacionado con lo religioso o mágico, siendo sus ejecutores los chamanes o gurús de esas comunidades. Más tarde, en la época clásica, fue un instrumento al servicio de la política y como no, también de la religión. Podemos observar que esto mismo ha estado ocurriendo en periodos posteriores.

  Con la apertura de los primeros museos, después de la revolución francesa, los grandes coleccionistas, los reyes, abrieron sus colecciones al pueblo y de ahí que la masa social, pudo comenzar a tener contacto con las grandes obras que ya no sólo eran religiosas o propandísticas, sino simplemente bellas.

  El nacimiento de un poder social verdaderamente fuerte como para poseer este preciado artículo, la burguesía, y la entrada en escena del capitalismo, supuso que el arte entrara a formar parte del mercado.

  Los objetos artísticos se han convertido desde entonces, en objetos de mercado y esto lo cambia todo, aunque no cambia nada. El cambio principal, a mi parecer, es que el círculo elitista en el que se movía hasta entonces, se abrió. Ahora esta élite de la sociedad que puede poseer arte es mayor, en número sí.

  El arte pues, es un MERCADO, y se rige por las reglas que a éste le son propias (oferta y demanda, etc, etc). ¿Esta afirmación supone que saquemos las obras artísticas de ese mundo supremo en el que se movían?. No, para nada, pues sigue siendo un producto de lujo que solamente unos pocos pueden adquirir, y es más, no ha perdido su carácter mágico, pues poseer arte te da estatus, te incluye en el círculo de aquellos que, a falta de títulos nobiliarios, consiguieron distinguirse del resto de la humanidad gracias a las grandes colecciones que crearon. Véase por ejemplo Salomon Guggenheim o el barón Thyssen, que consiguieron fortuna gracias a sus grandes negocios y que, gracias a sus colecciones pasarán a la posteridad y serán recordados (¿no era a caso eso lo que pretendían los grandes emperadores romanos con sus programas escultóricos y arquitectónicos?).

  Si el arte es un mercado ¿quienes eligen qué es arte o que no en la actualidad?. Respuesta: aquellos que pueden pagar por él, es decir, LOS COLECCIONISTAS. Aquí tenemos entonces, la respuesta, y enseguida, la media respuesta. El arte contemporáneo debe tener como característica el ser comprable, debe ser atractivo para aquellos que pueden pagar por él. Esto no nos debe hacer rasgarnos las vestiduras, pues, en principio, no quita el valor artístico a la obra. Eso sí, como cualquier producto, su mayor o menor auge en el mercado responderá a cuestiones de moda o gusto, y es de suponer, que a cuestiones de valor artístico.

  Queda, de este modo, enmarcado el mundo del arte actual. Hagamos un retrato de la situación. En lo alto de la pirámide encontramos al coleccionista, que normalmente, se encuentra apoyado en expertos que le aconsejan sobre sus compras. No debemos olvidar a los museos y las grandes instituciones, pues también ellas serán grandes coleccionista (para ser museo, según el ICOM, debes poseer una colección). Por debajo de ellos, se encuentran los lugares donde se realizan las transacciones comerciales artísticas, es decir, galerías y casa de subastas, que crearán tendencias según su stock. Y ¿en todo este entramado dónde queda el artista?. En mi opinión, viene justo ahora. Tras la creación del concepto de genio en el s. XIX, el artista entra en este círculo con personalidad propia y su mayor o menor éxito dependerá, en mucho, de el éxito de la venta de sus obras. Los artistas necesitan que los galeristas y las casas de subastas vendan sus obras y que el coleccionista apueste por ellos. Un creador pasará del más absoluto anonimato a la aclamación pública cuando uno de los grandes decida incluirlo en su colección. Después de eso, o al mismo tiempo, los museos e instituciones se lo sortearán para inaugurar exposiciones sobre ellos, aunque, como no, se puedan dar casos en los que el recorrido no sea exactamente el aquí dibujado.Por último, el crítico, que será el encargado de dar sustento teórico a todo lo demás. sea a priori como a posteriori.

  Es por todo esto que cuando vamos a una inauguración importante, y haciendo una parodia del mundo del arte, nos encontremos a los siguientes tipos:

-El Artistas: como un Bisbal del arte, aclamado, abrumado por la prensa.
-El Director del Museo o Galerista: el productor del espectáculo.
-El Crítico: a favor o en contra de todos los demás. Dispuesto a hundir en la miseria la representación o bien, alabarla y aplaudirla.
-El Coleccionista: presume de poseer ya un ejemplar del genio, o mueve sus hilos para poseerlo cuanto antes.
-El Comisario: el encargado de hilar el argumento de todo, el que ha creado el guión.

  Pues, estando así las cosas, las diferentes personas que trabajan o queremos trabajar dentro instituciones de difusión del arte contemporáneo y museos (conservadores, comisarios (no freelance), responsables del departamento pedagógico, etc) tenemos la labor de ser los que presentemos este mundo a la sociedad en general, haciéndosela comprensible, creando un discurso crítico a su alrededor, consiguiendo que sea accesible. Esto no es tarea fácil, ya que el arte contemporáneo, por estar gestándose en el mismo momento en que se quiere consumir, y encontrándonos en un mundo postmoderno, donde los límites anteriormente trazados se diluyen, nos supone un reto, un misterio a descifrar incluso a aquellos a los que se supone "entendemos de arte".

  Es el reto, el desafío lo más apasionante para mí cuando hablamos de arte contemporáneo, pues entender la realidad en la que nos vemos inmersos no es sino un ejercicio de crítica y autocrítica al mismo tiempo.

  Como decía Camila (y el arte) "me gustaría saber qué obras y artistas pasarán a la historia". A mi también me gustaría, pero creo que debemos esperar para eso. Debemos tener paciencia para que el presente se convierta en historia, aunque yo, ya tengo mis apuestas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Capítulo 2. ¿Y AHORA QUÉ?

  Llevo bastantes días dándole vueltas a la cabeza para intentar darle forma a este escrito, y bien, no sé si finalmente lo conseguiré.

  Debo admitir que siempre me ha fascinado la filosofía y la estética, pero no soy ni mucho menos una entendida, así que intentaré decir lo que quiero decir sin cometer errores imperdonables por no citar (o por citar sin ser consciente) a un pensador u otro.

  Cuando comienzas a estudiar historia del arte, uno (o al menos yo) cree que el arte es algo definido y que, una obra de arte es un objeto con características bien delimitadas, por lo que es indiscutible que una obra de arte no sea considerada como tal.

  Más tarde estudias que ya los dadaistas y futuristas a principios del siglo XX, pregonaron la muerte del arte y celebraron su renacer. En este renacer la obra ya no era algo encasillado, donde las posibilidades, por infinitas, se hacían dificilmente encuadrables.

  Según José Fernández Arenas, en su libro Teoría y Metodología de la Historia del Arte: "Una obra de arte, sería, por tanto, un producto original elaborado por el hombre artificialmente con la intención de comunicar algo", y, "Las obras de arte no sólo son un hecho histórico y cultural sino además un objeto material donde interviene la técnica, la materia, la forma, el lenguaje colectivo e individual y el testimonio social. Existen motivaciones históricas, estéticas, lingüísticas, y sociales en el origen de la obra de arte".

  Si seguimos esta definición, ¿dónde englobamos al arte conceptual?. Como sabemos, esta corriente artística desobjetualizó el arte, es decir, la obra no era más un objeto, sino una idea. Dicho sea de paso, leí en algún lugar que en los años ochenta las galerías más renombradas dijeron a los artistas conceptuales: "¡Chicos, volver ha hacer objetos, que no tenemos nada que vender!". Por supuesto que las ideas son valiosas, pero el mercado quiere objetos.

  Otra de las características propias de lo que tradicionalmente se ha considerado arte, era la pericia técnica (pintura, escultura, arquitectura). Pero claro, llegó nuestro amigo Marcel Duchamp y colocó un urinario al revés, una rueda de bicicleta sobre un tabure de madera...y ahora, ¿qué hacemos con la pericia técnica?. Si el artista ya no elabora materialmente la obra (no quiere decir que no domine las técnicas sino que simplemente, decide obviarlas), ¿cómo podemos valorar la pericia técnica?. O un ejemplo más cercano. Damien Hirst. En sus series de "Historia Natural", donde animales muertos son preservados en formol, y expuesto en vitrinas acristaladas. Saco a Hirst a colación para recordar que su tiburón tigre se descompuso y debió ser reemplazado por otro. A parte de otras críticas posibles...¿pericia técnica?.

  Siguiente característica: una obra debe ser única, es decir, no ser un plagio de una obra ya existente. Bien, hoy por hoy, la fotografía, el grabado, el vídeo, son artes con mayúsculas, pero por supuesto, son obras múltiples. Nos hemos cargado otra de las premisas de la obra de arte.

  Vayamos ahora a la originalidad. Una obra de arte ha de ser original. Citando de nuevo a Fernández Arenas: "Lo que sí debe ser distintivo de una obra de arte es la autenticidad como opuesto a copia, imitación o plagio. Esta autenticidad debe darse no sólo en la concepción, diseño o proyecto que se puede definir como originalidad creativa, sino también en el plano de la realización técnica de la obra". Bien, pues ahí tenemos a Tracey Emin, que siendo una de las artistas más cotizadas actualmente, presenta en sus exposiciones su diu muy bien enmarcado, o la obra "My Bed", en la que Emin nos muestra su cama, deshecha, con sábanas sucias, pañuelos de papel, condones, compresas, etc donde estuvo una semana metida sin salir pensando en suicidarse. Esta obra fue finalista del premio Turner en 1999 y que definitivamente la catapultó a la fama. ¿No es esto sino una copia de lo que, en su momento hizo Duchamp?. Es decir, un ready-made, u objeto encontrado que se convierte en arte por el simple hecho de que el artista lo ha considerado así y lo ha puesto en una galería sobre un pedestal.

  Por último, hablaremos de artisticidad. Fernández Arenas nos comenta: "La artisticidad está definida por la comunicabilidad del objeto artificializado. Ello supone que esta comunicabilidad depende de unos condicionamientos productivos y otros perceptivos y que, cuanto mayor o menor sea el nivel de comprensión, mayor o menor es la cualidad artística del objeto". Y con esto último acabamos de destrozar la mayor parte de la producción artística contemporánea, pues como dije en la anterior entrada, la mayor parte de la sociedad no comprende ni legitima el arte contemporáneo.

  Quiero señalar que creo que hoy en día se hacen cosas muy buenas, que conmueven, transmiten, te hacen reflexionar, comunican. Quizá no es problema de la obra contemporánea en sí, sino de la teoría sobre ella, que ciertamente, habría que reformular. Muchos filósofos y teóricos actuales ya están puestos manos a la obra.


  Analizado todo esto, y sin echar mano de Hegel o Arthur Danto (te tiene que gustar la filosofía pero son, indudablemente lecturas muy recomendables), ¿Qué es una obra de arte contemporáneo?, ¿qué características le son propias?, ¿quién decide qué es arte y qué no actualmente?.


  En mi opinión, al menos una de esas preguntas tiene una respuesta clara y evidente, pero dejaré el tema para mi próxima entrada.